Simpatía por el malo

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En la cinta El vengador (Law abiding citizen),  la familia de Gerard Butler es asesinada durante un asalto en su casa. La rabia de este pobre hombre aumenta al ver que ni su abogado ni el sistema judicial quieren procesar a los culpables de aquél crimen. Diez años después, Gerard se dedica a matar brutalmente no sólo a quienes ultimaron a su familia, sino también a quienes contribuyeron, de un modo o de otro, a que no se hiciera justicia en su caso. Aunque al final el personaje del buen Gerard termina sus días achicharrado en una nube de fuego provocada por una explosión de una bomba que él mismo armó (y eso en lo particular me desagradó de la película), durante la trama del film vemos a tal sujeto con buenos ojos, en vez de que repudiemos su proceder; ya que, por las circunstancias que rodean dicha situación, y poniéndonos en sus lugar, cualquiera tomaría la ley en sus manos y se vengaría de aquellos que la infringen (o que no la aplican debidamente), convirtiéndonos en “vengadores al verdadero servicio de los desprotegidos”; cosa que podrían llegar a ser una palpable realidad en un mundo en donde las injusticas sociales ocurren cada vez más seguido.

Y es ahí donde entra una tendencia en el cine que llamo “simpatía por el malo”, que no es otra cosa que películas en donde, por alguna extraña razón, el personaje antagónico, que se supone deberíamos terminar odiando incondicionalmente, sale de los estereotipos clásicos para despertar, cuando menos, cierta empatía y agrado en el espectador. Es el caso de La naranja mecánica (A clockwork orange) y Asesinos por naturaleza (Natural born killers): en la primera, nos narra las aventuras del delincuente Alex, quien empieza siendo un gran malo, se vuelve bueno a mitad de la cinta…pero termina volviendo a ser malo; mientras que la segunda nos cuenta las andanzas de dos ladrones y matones que rayan en niveles psicópatas. En ambas películas, la manera en que las historias son abordadas nos hacen ver a sus personajes casi como “héroes” y no cómo los infames desgraciados que cualquiera diría que son; al representar sus fechorías y plasmar sus emociones, pensamientos e ideas desde un punto de vista menos trillado y más novedoso, del mismo modo en que se haría un documental de un papa o de la madre Teresa. Con esto no quiero decir que los esté exaltando, pero estos films son innovadores porque muestran una faceta poco conocida de esos seres bestiales y dementes llamados “criminales”, que también guardan un lado humano, perverso y también macabramente interesante, que hay que investigar también.

Volviendo al caso de El vengador, a mí en lo personal lo que me ganó la simpatía del protagonista (que técnicamente es un villano porque no es políticamente correcto tomar la justicia en tus manos) fue que sus actos despiadados fueron una denuncia pública sobre la corrupción que impera en los altos círculos de los sistemas jurídicos de muchas naciones, quienes se preocupan más por sus intereses particulares y la diplomacia que por la misión principal que deben cumplir: impartir justicia. Ese “malo” aparte de ser muy guapo, puso en evidencia una verdad muy incómoda, pero que no por esa deja de ser cierta, y por ello concluyo que tengo simpatía por el malo.

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