El legado de Florence Cassez

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El pasado 14 de agosto de 2013, fue detenido en la ciudad de México José Eugenio Rodríguez Torres, alias “el supersádico”, un famoso asesino en serie que asoló a esa metrópoli durante tres meses y provocó gran pánico entre la población general. Durante su juicio, recreado a continuación a manera de acto teatral, y celebrado dos meses después de su detención, sucedieron los siguientes eventos:
JUEZ: ¿Se encontraron pruebas que incriminen al indiciado en la comisión de los crímenes imputados?
FISCAL: En efecto, señor juez. En el domicilio del acusado se hallaron grandes cantidades de cuerdas, armas punzocortantes y de fuego, objetos contundentes y botellas con ácido sulfúrico para provocar lesiones abrasivas en sus víctimas, así como también ropa y demás pertenencias personales de los agraviados por quien se está sometiendo a su juicio. Aparte, los pocos sobrevivientes de sus delitos lo han reconocido plenamente.
JUEZ: ¿Se han realizado pruebas que avalen que el acusado es peligroso para la sociedad?
FISCAL: En verdad que sí, señor juez. Nuestros peritos en psiquiatría criminal le han hecho un perfil psiquiátrico, en base a sus declaraciones al ingresar al penal, y quedaron perplejos con los resultados arrojados. Se comprueba que el señor Rodríguez es un total sociópata, sin sentimientos de empatía o piedad por sus semejantes, y que disfruta en plenitud ante el dolor ajeno. La mayor prueba de ello es que, durante su carrera criminal, atacó y asesinó a cualquier individuo que tuviera oportunidad de matar, sin importar su edad, sexo o condición social. A diferencia de muchos secuestradores y miembros de organizaciones delictivas, su motivación no es la obtención de bienes monetarios, sino la tortura y el sufrimiento, aparte de mostrar remordimiento por sus aberrantes actos.
FISCAL: ¿Y el implicado ha confesado haber llevado a cabo los homicidios?
FISCAL: Lo hizo al momento de detenerlo, señor juez. Durante los interrogatorios que se le hicieron, no sólo confesó su autoría en los crímenes, sino hasta se dio el lujo de relatar como ultimó a algunas de sus víctimas a detalle, volviéndolo todo por demás tormentoso.
JUEZ: Bien, entonces, si no hay más que mencionar en este caso, tengo entonces que declarar al acusado…
(En ese instante entra en escena el abogado defensor, llevando en las manos una carpeta con expedientes relativos al caso, y el juicio se interrumpe. Todos los presentes se preguntan qué es lo que pasará a partir de ahí.)
DEFENSOR: Señor juez, solicito permiso para que se me conceda la presentación, en estos momentos, de una importante evidencia en favor del indiciado.
JUEZ: ¿Cuál es esa prueba, si se puede saber, abogado, y por qué la presenta hasta ahora?
DEFENSOR: El motivo de la demora, señor juez, es porque hasta ahora se ha descubierto, pero es de tal relevancia que NO puede ser omitida.
JUEZ: ¿Y cuál es la prueba es, ya que lo requerimos saber?
DEFENSOR: Señor juez, hubo IRREGULARIDADES en el proceso legal en contra de mi cliente.
(Surge una gran conmoción en el lugar. La gente queda perpleja y muchos reaccionan de maneras contradictorias. El juez, por su parte, continúa con el procedimiento.)
JUEZ: ¿Se podría saber, abogado, cuáles son esas irregularidades que alega?
DEFENSOR: Sí, por supuesto, y tengo pruebas de ello. Los malos manejos los que me refiero son que, luego de su detención, a mi cliente NO se le permitió ir al baño cuando lo solicitó, ni TAMPOCO se le proporcionaron alimentos en su primera noche de reclusión.
(Transcurren unos pesados minutos. El juez analiza la situación y la gente calla, aunque muchos piensan que el destino seguro del asesino será la cárcel, ya que a pesar de las “pruebas” presentadas por su defensor, no hay nada que pueda salvarlo. Luego de esos minutos, el juez regresa para emitir su fallo.)
JUEZ: En vista de la nueva evidencia proporcionada, la cuál no puede ser ignorada, he decidido DEJAR EN LIBERTAD AL INDICIADO, para que se le pueda realizar un nuevo proceso libre de IRREGULARIDADES que garantice sus GARANTÍAS Y DERECHOS, que fueron PREVIAMENTE ATROPELLADOS.
(Los presentes quedan todavía más conmocionados, pero esta vez por una gran rabia e indignación. En menos de tres horas, el tan temido “supersádico” es puesto en libertad para que pueda hacer lo que quiera…incluso volver a matar.)
Este es un ejemplo ficticio en su totalidad, mas no así el triste caso en el que está inspirado. El pasado 23 de enero del 2013, la Suprema Corte de Justicia de la Nación en México dejó en libertad a la secuestradora francesa Florence Cassez, alegando deficiencias en su proceso penal, muy al pesar de sus víctimas, quienes desde el inicio del caso, se presentaron para denunciarla como su plagiadora y que, además, ejercía tortura psicológica en ellos. Todo se fue al diablo cuando la dejaron en libertad y fue recibida, en su patria, como una heroína digna de los más altos honores. Desde su excarcelamiento, varios delincuentes ya condenados (y comprobados), han entablado demandas para “librarse” de sus condenas, alegando lo misma que Cassez: “irregularidades” en sus procesos. A partir de ese día, la justicia social murió en México y la gente ya no confía en las autoridades judiciales del país del eterno “no pasa nada”. Un muy buen legado el que nos dejaste, Florence.

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