Cincuenta maltratos de Grey o ¿la violencia de género romántica?

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Sin duda alguna, la novela del momento es Cincuenta sombras de Grey, relato erótico que narra el candente romance entre la ingenua Anastasia Steele, con el muy atractivo y seductor empresario Christian Grey. La recién egresada de la universidad Anastasia conoce a tan enigmático y cautivante hombre luego de hacerle una entrevista, de quien no tarda en enamorarse y éste, astuto y casanova, logra seducirla y arrastrarla hacia la práctica del bondage, que no es otra cosa que una variante más ligera del sadomasoquismo, a la cuál nuestro protagonista es aficionado. Así, la pasión desbordante y  las prácticas salvajes se vuelven cada vez más comunes para una chica que, de no ser por su nueva pareja, tal vez nunca hubiera conocido. La primera parte de la saga “Cincuenta sombras”, escrita por E. L. James, no sólo es popular a nivel literario, sino también a nivel cultural, y se espera que lo sea cinematográficamente hablando, al ya estarse filmando una versión para el cine, siendo este film un de los más esperados para el próximo año. Las mujeres, con esta novela, se han atrevido a ser más liberales con respecto a su sexualidad y las acciones llevadas a cabo durante la trama de las Cincuenta sombras de Grey  son emuladas por más parejas en el mundo al verse como una actividad muy excitante. Sin embargo, algo que me provocó algo de “ruido” fue un aspecto que muchos no abordan, pero que a mi parecer no se refleja de manera clara en la novela (o los lectores han pasado desapercibido por prestar más atención a otros detalles): el aparente maltrato que padece Anastasia por parte de Christian en lo que se supondría es una relación dependiente y dañina.

Para entender tal planteamiento, hay que ir por partes: aparentemente, la relación entre los protagonistas no es seria. Anastasia sí parece sentir algo por Christian, pero la parte masculina nunca especifica que lo que “ellos” tienen sea siquiera un noviazgo. Es más bien una especie de free, o ligue en lo que verdaderamente importa es el intercambio de fluidos (o de golpes, en este caso) en vez de palabras y sentimientos. Tal cosa no me escandaliza, puesto que ahora las relaciones sin ataduras y de una noche son muy comunes, y cada quien es libre de hacer con su vida lo que le venga en gana sin que afecte a nadie. No obstante, es en este punto donde entra un pequeño detalle, que tal vez muchos considerarán exagerado de mi parte (y están en su derecho de pensar así), pero yo lo percibí de la siguiente manera: Anastasia, quizá por inexperiencia e ingenuidad (podría ser el caso de cualquier mujer en el mundo, inclusive alguien cercano al lector), se deja llevar por el encanto arrollador de Christian, y entonces se ve, de la nada, sometida a los caprichos sadomasoquistas (y en momentos un tanto brutales) de su nuevo amor, convertida en mero objeto de placer y no de amor, cosa que ella misma parece consentir, probablemente porque preferiría seguir soportando el tan sui generis trato que Christian le endilga, que el perderlo, ya que en verdad lo quiere. Ese tipo de relación, como ven, no es muy saludable que digamos, ya que cualquiera en el que una mujer es sobajada (esa es la impresión que yo tuve, repito) por su pareja, no puede llamarse relación funcional. Lo triste del caso, vuelvo a decir, es que estos casos se repiten a cada momento en el mundo, y se seguirán repitiendo por mucho, mucho tiempo, si no se hace algo al respecto.

Otro punto interesante es la descripción del personaje de Christian en sí. Obviamente que la autora se esmera en hacérnoslo como muy bien parecido, poseedor de un gran encanto y labia y avasalladoramente sexy y conocedor de los placeres carnales; siendo esta última cualidad lo que termina por enganchar a Anastasia a su persona. Sin embargo, ya después de que consigue “encamarse” con la chica, va develando su verdadera personalidad, que resulta ser un poco más tenebrosa de lo que se imaginó al inicio de la novela. Es ahí donde empiezan los golpes, que van subiendo de intensidad y frecuencia conforme progresa la trama, y Christian se auto exhibe cada vez más como un ser egoísta, narcisista y ególatra, cuyo único interés es conseguir placer a través de las mujeres; las cuáles obtiene, se puede decir, con relativa facilidad, gracias a su galanura. Sería bueno conocer, en mi opinión, el historial amoroso de mr. Grey, para saber si a otras mujeres les ha ido igual, mejor o peor que a nuestra heroína Anastasia.

Si tales actitudes y patrones no se observan tan a simple vista (repito, esto que expongo es mera especulación, no lo estoy afirmando rotundamente), es debido a la manera en que la trama se maneja. Los encuentros sexuales (al menos los primeros) entre nuestros protagonistas son muy intensos y románticos y dan la ilusoria sensación de amor existente, de un lazo palpable y real, aunado a un concreto y electrizante erotismo que hechiza (eso sí) no sólo a toda mujer, sino a cualquier lector que se acerca a la obra. Para cuando Christian se va desenmascarando poco a poco, la sinopsis sigue manteniendo un ritmo erotico-romántico, a pesar de que la violencia, tanto implícita como explícita se manifiesta más y más, haciendo pensar que todo es “rojo pasión”, aunque se torna gris oscuro. Eso, es, en definitiva, una cualidad del citado libro, alejar de la mente los conceptos de “abusos”, para sustituirlos como los de “ardiente historia de amor”.

Por enésima vez, repito que no es mi intención difamar al “fenómeno del momento” (y es verdad), y mucho menos echarme encima a las fans de don Christian Grey, que sueñan con encontrarse a su propia versión de ese moderno “príncipe azul” o que, incluso, llevan a cabo algunas (o todas) de las prácticas de las “Cincuenta sombras”; yo sólo quise exponer un punto de vista que surgió en mi mente luego de leer el texto y que, estando o no equivocada, quise comentar con aquellos que se dignen en leer mis “obras”, así como también se toman el tiempo en leer alguno que otro libro. Gracias por su atención.

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Un comentario en “Cincuenta maltratos de Grey o ¿la violencia de género romántica?

  1. Muy de acuerdo contigo, Rómina. El bondage y otras prácticas del “sadomasoquismo romántico” son juegos de poder.
    Claro que tiene un enorme porciento de abuso por parte del dominador o la dominatrix. Se practica desde siempre.
    Un empresario y mujeriego exitoso, controla a sus mujeres como controla el dinero que gana. Y después hablamos de liberación femenina…

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