Cincuenta sombras totalmente negras

inerte

La reunión sería en el departamento de Christian. Habían acordado verse desde hacía una semana, una muy lenta y tortuosa semana, por cierto. Anastasia le había pedido a mr. Grey que se citaran para conversar sobre un tema muy íntimo y particularmente relevante para ambos. Él se preguntó cuál sería tal asunto, aunque ya lo intuía de alguna forma tan peculiar y propia de su magnética persona. Llegó a rechazar la probabilidad de que cualquier cosa negativa llegase a suceder, aduciendo que todo acabaría como solía finalizar: Ana cediendo a sus razones y encantos y subyugándose a las pasiones de su amado, por más intensas que éstas fueran. “No, no habrá nada de qué preocuparse” se dijo para sí Christian, comenzando a imaginar, más bien, el tipo de instrumentos y juegos que emplearía con ella esa noche, que aspiraba a ser más memorable que todas las anteriores.

El reloj marcó las diez y Christian llegó unos minutos tarde a la cita. Deseó, interiormente, que Anastasia no estuviera esperándolo desde hacía largo rato, o que no hubiera arribado todavía. Al llegar a la puerta se topó con su amante aguardando con gesto ligeramente impaciente, pero inexplicablemente melancólico. Decidido a no hacerla esperar más, se presentó ante ella con todo su candor arrollador.

-Hola, Ana, lamento el retraso- se disculpó con esa tan sensual voz.

-No, no hay problema, Christian-argumentó ella con una tranquilidad que a él le pareció fingida. Empezó a sospechar que, tal vez, algo sí andaba mal.

Entraron al formidable departamento de mr. Grey, dispuestos a llevar a cabo lo que cada uno planeaba realizar, que serían temáticas distintas entre sí. Tan pronto la puerta se cerró, Christian aprisionó de la cintura a Ana, la atrajo hacia sí y la besó con toda su pasión apenas contenible. Ella disfrutó del ósculo de ese tan hipnotizante hombre, pero su objetivo no era precisamente el compartir esa noche con él.

-Tenemos que hablar- atinó a decir separándose de él.

-¿Hablar? ¿En serio quieres hablar? ¿No preferirías otra cosa?-sugirió Christian lujuriosamente al tiempo que jugueteaba con el cinturón de su pantalón.

-No, esto no puede posponerse-declaró Ana nerviosa- Hay algo de lo que tengo que informarte.

-¿Informarme? Uhm, adoro tu forma de expresarte, querida- afirmó él con un leve éxtasis- Sería muy apropiado que me hablaras así esta noche, mientras hacemos el amor.

-Es de eso exactamente de lo que quiero hablarte- confesó ella con pesar e intranquilidad,  e inmediatamente después añadió una última oración:- Hoy no quiero hacerlo contigo.

-¿Qué? ¿De verdad? ¡Debes estar bromeando!- masculló perplejo mr. Grey. Era la primera vez que rechazaban la idea de yacer en sus brazos y hacerlo gozar con sus singulares gustos. Intento serenarse y, dominando su aturdimiento, dijo:- Bueno, si no lo deseas hoy, podré aguardar un poco hasta mañana, y así te disfrutaré mejor…

Anastasia tomó aire antes de darle su muy directa respuesta a su amado:

-Tampoco quiero hacerlo mañana ni pasado…ni nunca más. Quiero terminar contigo, Christian.

-¿Terminar conmigo? ¿¡Pero por qué?! ¿¡Cuál es la razón?! Acaso ya no te parezco atractivo y deseable?- preguntó atónito y desconcertado Christian.

-No, en lo absoluto. Es sólo que…ya no me siento cómoda con este tipo de relación que tenemos- confesó Ana con un enorme  trabajo, tragando saliva- No puedo asimilar totalmente tus prácticas.

-¡Pero tú accediste a ello! ¡Sabíamos en lo que te estabas metiendo! ¡Lo sabías y aún así lo aceptaste! ¡Yo te lo advertí y lo aceptaste!-replicaba él enérgico.

-Sí, lo sé- reconoció ella pesarosamente- Y lo acepté porque me había enamorado de ti, y no me importó lo que tú me ofrecieras, pues creía que todo lo que me concedieras sería bueno para muy podría adaptarme a ello. Pero me equivoqué…algunos de los juegos que llevamos a cabo me excitan, sí, pero también me generan un dolor que muchas veces es intenso, tan intenso como el deseo y pasión que estar contigo íntimamente me produce. En verdad que no he sentido nada tan fuerte como lo que me inspiras en la cama, pero el dolor de los látigos, las esposas y las cuerdas empañan ese gran placer que sólo tú sabes dar, además de que  luego mi cuerpo lo resiente en proporciones considerables y ya han surgido marcas en mi cuerpo que no sé si lleguen a borrarse. No, esto ya no comienza a agradarme, y desconozco si nuestra relación pueda resultar en algo todavía más grave de lo que te menciono.

-¡No puedes hacerme esto!-alegó indignado- ¡Yo soy el hombre de tu vida, el fundamento de tu existencia! ¡Nadie más ter hará sentir como yo!

-Y en verdad que no te olvidaré-insistió Ana, pretendiendo suavizar la cada vez más tensa y peligrosa situación- Me has brindado momentos únicos que nunca se irán de mi mente, y siempre te guardaré cariño; mas he encontrado que preferiría estar en una relación menos pasional y candente, pero mayoritariamente cariñosa, protectora  y seria que en lo que tú y yo tenemos ahora.

-¿Me estás dejando por otro?-insinuó paranoico Christian- ¿Me vas a abandonar por un imbécil cualquiera? ¿Me cambiarás por alguien que no es ni la sombra de lo que soy? ¡Nadie me deja a mí! ¡Yo soy quien deja a las personas, en todo caso!

-¡No, Christian, no hay nadie más de por medio!- aseguró tajantemente Anastasia, empezando a asustarse por la reacción violenta de su pareja- Es sólo que yo quiero algo más que lo que poseemos en la actualidad, y si no estás dispuesto a dármelo de buena gana, entonces ya no pretendo continuar a tu lado…aunque nunca te olvidaré, pues fuiste y serás alguien de gran relevancia en mi vida. Lo lamento tanto Christian, pero…esto acabó.

Ella se dirigió hacia la puerta mientras él la observaba lleno de una frenética rabia que anteriormente había sido una avasalladora pasión ¡No, no permitiría que ella se marchara de su vida así como así, como si hubiera sido un hombre más y no el hombre de su vida, su maestro en las artes del amor carnal y el que la hizo mujer en toda la extensión de la palabra! ¡No, no lo permitiría, porque él no era un hombre que debía abandonarse por nadie, y menos por ella, quien hasta antes de que la conociera en su oficina, no era más que una mocosa estúpida, virgen e inexperta que no tenía idea de nada! ¡Ana era lo que ahora era gracias a él, y no iba a pagarle con semejante ingratitud! ¡No, no iba a pasar aquello, o antes dejaría de ser Christian Grey! Así pues, antes de que ésta girara la perilla de la puerta para salir del departamento, él la sujetó con fuerza del brazo y le dijo fríamente:

-Tú no vas a ninguna parte

-Suéltame Christian, me lastimas- se quejó Anastasia temerosa.

-Tú te quedas aquí, conmigo- insistió bruscamente mr. Grey al tiempo que la lanzaba hacia el sofá de la sala y se le colocaba encima para inmovilizarla.

-¡No, Christian, no!-empezó a suplicar Ana aterrada-¡No lo hagas!

-¡Yo hago lo que quiera contigo, puta!-rugió colérico él- ¡Tú eres mía y de nadie más porque accediste a ello! ¡Mía o de nadie!

A la par que profería tales palabras, Christian rodeó con sus poderosas manos el delicado cuello de su sometida; las mismas manos que otrora usó para repartir irresistibles caricias ahora eran requeridas para infligir daño mortal. Aplicaba cada vez más presión alrededor de esa zona, mientras Ana intentaba inútilmente de librarse de aquél terrible enemigo que amenazaba su integridad. Manoteaba y arañaba lo más que podía, pero todo resultó infructuoso, pues su agresor no se detuvo hasta que ella ya no opuso resistencia y todo indicio de vida desapareció…

Al día siguiente, la noticia de primera plana de todos los periódicos fue el arresto del poderoso y bien conocido magnate Christian Grey por haber asesinado a su pareja, la joven estudiante de literatura inglesa Anastasia Steele, de tan sólo 21 años. También fue publicada una pequeña esquela en los obituarios de los diarios en la que se reseñaba la vida y logros de la ahora occisa, recordada gentilmente por sus amigos y compañeros universitarios por su carácter dulce y amable.  Mientras se llevaban a cabo los funerales, el proceso penal contra mr. Grey comenzaba, y éste era recluido en la isla de Rikers en espera de su juicio. Después de todo, Christian tuvo razón…esa sería una noche memorable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s