Númenor

The_Drowning_of_Anadune_(Numenor)_de_john_howe_reducida

Juro por Eru y todos los Valar y Maiar

Que así nunca debiste de acabar,

Hundida por siempre en el inmenso mar

Donde ya nadie más te podrá mirar.

 

Fuiste el regalo más grande y precioso

Que a los Hombres mortales se les concedió:

La isla en donde todo era maravilloso

Y en la que un magnífico imperio surgió.

 

Tu poderío entonces no tenía rival,

Y de noble corazón era toda tu gente;

Pero en su deseo de evitar la muerte,

En muchos comenzó a emerger el mal.

 

Pueblo y gobierno mezquinos se tornaron,

Con desdén a otros hombres miraron;

Buscaban ahora más el oro y la riqueza,

Mientras en sus almas sólo había pobreza.

 

Fue durante esa preocupante situación,

Cuando el maligno Sauron hizo su aparición,

Fingiendo del Rey obediente siervo ser,

Para en realidad a sus designios someter.

 

Al rey con terribles ideas blasfemas sedujo

Aumentando su orgullo, codicia y maldad.

Muchos comenzaron a adorar a la Oscuridad,

Lo que, al final a la perdición los condujo.

 

Unos pocos había aún de buen corazón

Quienes a sus congéneres trataron redimir,

Mas al final ya no hubo ninguna salvación

Pues ese gran reino dejaría de existir.

 

Cuando la última Veda fue quebrantada,

Toda la Ira de los Valar quedó desatada,

Suprimiendo a los sacrílegos del mundo

Y sumergiendo la isla en el mar profundo.

 

¡Oh, bienamada y desdichada Númenor,

Cuya pérdida causa tan amargo dolor!

¿Algún día podrás de nuevo emerger,

O por siempre oculta has de permanecer?

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