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Númenor

The_Drowning_of_Anadune_(Numenor)_de_john_howe_reducida

Juro por Eru y todos los Valar y Maiar

Que así nunca debiste de acabar,

Hundida por siempre en el inmenso mar

Donde ya nadie más te podrá mirar.

 

Fuiste el regalo más grande y precioso

Que a los Hombres mortales se les concedió:

La isla en donde todo era maravilloso

Y en la que un magnífico imperio surgió.

 

Tu poderío entonces no tenía rival,

Y de noble corazón era toda tu gente;

Pero en su deseo de evitar la muerte,

En muchos comenzó a emerger el mal.

 

Pueblo y gobierno mezquinos se tornaron,

Con desdén a otros hombres miraron;

Buscaban ahora más el oro y la riqueza,

Mientras en sus almas sólo había pobreza.

 

Fue durante esa preocupante situación,

Cuando el maligno Sauron hizo su aparición,

Fingiendo del Rey obediente siervo ser,

Para en realidad a sus designios someter.

 

Al rey con terribles ideas blasfemas sedujo

Aumentando su orgullo, codicia y maldad.

Muchos comenzaron a adorar a la Oscuridad,

Lo que, al final a la perdición los condujo.

 

Unos pocos había aún de buen corazón

Quienes a sus congéneres trataron redimir,

Mas al final ya no hubo ninguna salvación

Pues ese gran reino dejaría de existir.

 

Cuando la última Veda fue quebrantada,

Toda la Ira de los Valar quedó desatada,

Suprimiendo a los sacrílegos del mundo

Y sumergiendo la isla en el mar profundo.

 

¡Oh, bienamada y desdichada Númenor,

Cuya pérdida causa tan amargo dolor!

¿Algún día podrás de nuevo emerger,

O por siempre oculta has de permanecer?

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American Horror Story: Reencarnation

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El 30 de abril de 1945, Adolf Hitler, al verse acorralado por las fuerzas aliadas, determinó suicidarse para evitar ser apresado por sus enemigos. Acabó con su existencia mediante un ritual esotérico que garantizaría que él habría de renacer mediante otro cuerpo humano, y en el futuro, retomar su elevada posición política y gobernar sobre millones de personas,  como lo había sido durante todo el Tercer Reich. El día que eligió para morir, aparte de todo, fue la muy conocida festividad de Walpurgisnacht, considerada por los pueblos germanos como un evento de naturaleza siniestra en el que los difuntos retornaban a la Tierra bajo ominosas figuras. De esa forma, el tan temible dictador se aseguró de que volvería después de su muerte física bajo otro nombre e identidad, pero lleno del mismo odio, resentimiento, irracionalidad y desprecio por la vida humana que tanto lo habían caracterizado.

Un año más tarde de la muerte del Führer, en mayo de 1946, en Queens, Nueva York, Estados Unidos, éste nacería de nuevo gracias a aquel diabólico hechizo, ahora como el hijo de una pareja de posición acomodada. El padre era empresario de bienes raíces, y le heredó a su vástago su pequeño imperio, el cuál habría de expandirse paulatinamente con el paso de los años gracias a aquel hijo suyo. Pronto afloraría en ese avatar la personalidad del hombre que anteriormente fue, y comenzó a acumular riquezas, prestigio y fama; llegando a aparecer en ámbitos totalmente distintos de los negocios, como el de la televisión. Al igual que en su otra existencia, esta encarnación era un hombre que sabía ganarse a las masas mediante su encanto personal y a las que convencía con gran facilidad, jactándose de ello. Seguía siendo desagradable y despreciable, pero todos los débiles de mente o resentidos sociales quedaban deslumbrados ante su calculado derroche de palabras demagógicas en las que culpaba a sectores minoritarios de los problemas no sólo individuales, sino colectivos. Al igual que a principios de la década de los treinta, el nuevo canciller ascendió al poder apoyado por una parte de la población que se identificaba con un incoherente discurso que encendía pasiones y que prometía engrandecer a su nación eliminando a toda costa aquello que obstaculizaba su progreso. De ese modo, poco a ganó terreno hasta que, de manera inesperada, aquella espantosa posibilidad se convirtió en realidad: otra vez, Hitler consiguió el poder que tanto anheló recuperar. Ahora puede dar, como lo hizo otrora, rienda suelta a todos sus prejuicios, su locura y sus ansias por perjudicar a quienes aborrece.

¿Cómo? ¿Me piden que les diga el nombre de aquella reencarnación de Hitler? ¿Para qué? ¿Para evitar que vuelva a cometer las mismas atrocidades? Bueno, aún estamos a tiempo de hacerlo, ciertamente, solo que será una tarea un tanto difícil.  En todo caso, ustedes ya deben de saber que no es necesario que les proporcione un nombre, porque bien que todos lo saben en la actualidad: ese nuevo dictador se llama Donald Trump.

Calavera para Margarita Zavala

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Luego de haber sido la Primera Dama,

Y aprovechando que no había perdido fama,

Margarita decidió hacerse del poder,

Y por la presidencia del país contender.

 

Por el PAN primero intentó postularse,

Alegando que con ella ganarían la elección;

Pero al no lograr como candidata lanzarse,

De aquél partido anunció su separación.

 

Buscando afanosamente el apoyo popular,

Para de un modo u otro a las urnas llegar,

No se dio cuenta que la acechaba la muerte,

Y que nada la libraría de tan mala suerte.

 

Margarita nunca subió a la silla presidencial,

Se quedó en el camino de los aspirantes,

Pues ahora mismo estamos en su funeral,

Y ya no habrá de requerir de votantes.

#19S — Carla Paola Reyes

Originalmente publicado en Arte y denuncia: Fotografía por Alejandro Juárez @AleJuarezA Sin paz, sin palabras. La poesía no está, solo la desgracia. La ciudad semeja un campo de batalla. Atrás y al frente, edificios dañados, derrumbados, rodeados de desalojados, damnificados, pero también de voluntarios, manos ayudando. Hombres y mujeres que quedaron enterrados. Animalitos y… niños……

a través de #19S — Carla Paola Reyes

Mi inesperado heredero

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Sí, ¡claro que lo recuerdo! Como si fuera ayer, de hecho. Al mediodía, mientras disfrutaba una buena taza de té, llamaron a la puerta. La interrupción me molestó un poco, pero de todos modos fui a atender el llamado. Era una hermosa mañana, muy similar a aquella en me encontré con Gandalf y habría, en contra de mi voluntad, de integrarme a la compañía de Thorin Escudo de Roble. Quizás por ello me surgió el presentimiento de que algo importante ocurriría de nueva cuenta. Al toparme cara a cara con mi pariente Drogo, parecía haberme equivocado en aquella impresión.

-¡Ah, buenos días, Drogo!-saludé amable- Pasa por favor.

-Buenos días para ti también, Bilbo- me saludó sonriendo mientras ingresaba a Bolsón Cerrado.

-¿Quieres algo de comer?- ofrecí- Tengo un nuevo paquete de panecillos especial para mis invitados.

-No, gracias- declinó-. Mi visita será breve.

-¿Y a qué se debe tu honorable presencia en mi morada, estimado Drogo?

-Es para informarte de un asunto trascendente para la familia.

Sospeché que en verdad debía ser algo relevante, pues para que Drogo viniera en persona a contármelo, en lugar de enviarme un mensaje o enterarme por medio de terceros, no se trataría de una nimiedad. También intuí que sería una noticia dichosa, pues el rostro de mi visitante lucía contento y sereno. Sin más demora, él reveló:

-Querido primo Bilbo: ya soy padre. Prímula dio a luz a nuestro primer hijo. Lo hemos llamado Frodo.

-¡Oh, maravilloso! ¡Felicidades, Drogo! ¡Me alegro por ti y tu esposa! Por cierto, ¿ella cómo está?

-Muy bien, afortunadamente, al igual que el pequeño- comunicó lleno de orgullo-. Es sano y fuerte, además de tener una mirada que te derrite el corazón.

-¿Y cuando nació?- quise saber.

-Hace una semana, en la tarde, poco después del mediodía.

-¡Hace una semana! ¡Qué espléndido, justo en mi cumpleaños!

-Bueno, ya de entrada, mi hijo y tú comparten un detalle, aunque creo que comparten otra cosa en común: a veces realiza unas muecas que me recuerdan mucho a ti cuando estás pensativo o algo te llama la atención.

-No me extraña. Después de todo es un Bolsón, y debe haber heredado algo de mí.

-Tal vez eso a la larga se vuelva una desventaja-comentó con cierta preocupación-. La gente podría considerarlo un tanto excéntrico o “raro”, si se parece a ti en algún aspecto.

-¿Acaso estás insultándome, Drogo?-inquirí levemente ofendido por el comentario- ¿Piensas que tu hijo no debería ser como yo porque sería otro “desequilibrado”?

-No, en lo absoluto- se aprestó Drogo a esclarecer-. Es sólo que muchos respetables hobbits no te tienen en muy buen concepto a raíz de los chismes descabellados que circulan sobre ti; como tus supuestas grandes riquezas ocultas y tus poco comunes amistades con elfos y enanos, entre muchos otros rumores que prefiero omitir por ser en extremo ridículos…y algunos se creen hasta esos.

-¡Que los partan los mil rayos!- exclamé indignado- Si creen que soy un demente anormal sólo por haberme hecho de muy buenos amigos durante mi viaje y haber obtenido un ínfimo tesoro, entonces lo soy. No voy a renunciar a mi forma de ser sólo porque algunos, con su limitado entendimiento, no alcanzan a comprender que el hobbit que regresó de aquella travesía no fue un acaudalado y peligroso loco, sino sólo alguien que ya no sería el mismo.

-La desventaja a la que me refería en realidad no era que el pequeño Frodo se asemeje a ti en sí, sino que por ello las personas comiencen a inventar habladurías que podrían afectarle y hacerlo percibirse excluido por todos- exteriorizó mi primo.

-En caso de heredar algo mío, tarde o temprano aprendería a dejar de darle importancia a lo que otros dicen y se centraría en aquello que de verdad importe-concluí contundente.

 

Al cabo de unos minutos, Drogo abordó un tema que, en su opinión, debía de concernirme:

-Tú también deberías de tener tus propios hijos, Bilbo. No sé, quizás iniciar una familia mejoraría la imagen que hay de ti.

-No me interesa realizar esto o aquello nada más para agradar a tal o cual. En todo caso, si no soy muy grato para la inmensa mayoría de la Comarca, ¿qué dama accedería a desposarse conmigo, de buena o mala gana?

-¿No has pensado en que tu existencia estaría completa con una esposa y unos vástagos?

-Mi existencia ya está completa, estimado Drogo. Estoy feliz y conforme con lo que poseo y no requiero de ninguna otra cosa.

-¿Al menos has analizado la posibilidad de dejar algún hijo para que, cuando mueras, los Sacovilla-Bolsón no se abalancen sobre tus bienes como buitres carroñeros e intenten quedárselos, como aconteció hace muchos años?

-Eso ya está solucionado- anuncié con aire de triunfo-. Para evitar que Otho y Lobelia se salgan con la suya, me he propuesto adoptar como heredero a uno de mis parientes. El trámite se hará con todas las de la ley, para que ellos no puedan alegar que fue un procedimiento inválido; y lo haré en secreto, de manera que nadie pueda preverlo y lleve a cabo cualquier acción en contra para impedirlo. Así, me aseguraré de que lo que me pertenece quedará en buenas manos y que los Sacovilla Bolsón vuelvan frustrados a casa una vez más.

-¿Y a quién nombrarás como heredero?

-Aun no lo sé. Puede que a alguno de mis sobrinos del lado Tuk, o a cualquier otro. Lo único que sé es que debe de ser alguien no únicamente en quien pueda confiar a cabalidad, sino que además sea de noble corazón, gran espíritu y una mente ávida de conocimientos.

-¿Habrás de elegirlo pronto?

-No, no es necesaria la prontitud. Esta será una determinación vital, y me tomaré mi tiempo para ello. Supongo que cuando descubra al adecuado, algo en mi interior me lo hará saber…¡Quien sabe! En una de esas, el elegido podría ser tu hijo.

-Tal vez, pero por el momento, habrá de conformarse con ser mi niño querido- declaró Drogo con una amplia sonrisa.

 

Bueno, ya sabes esta historia. Las demás ya las conoces, así que no necesito repetírtelas. Lo único que has de saber de largo tiempo, pero aún así insisto en expresártelo, es que más que hallar en ti a un inesperado heredero, encontré a un ser a quien quiero como si fuera mi propio hijo, y del cuál me siento muy orgulloso. Sin duda que no pude escoger a nadie mejor que tú, mi querido Frodo.