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Dolor por Dolores

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Ahora sí que en verdad fue un Blue Monday. Y es que no podía ser de otro modo con tu muerte. Nadie se lo esperaba. Eras todavía joven y te veías llena de vida y con muchas ideas y proyectos en el camino. Pero a la muerte suele no importarle nada de eso, y deja truncadas no nada más vidas, sino también grandes creaciones. Ni siquiera sabemos todavía por qué tu vida se extinguió; en los sitios de Internet se menciona escuetamente que presentabas “problemas de salud”. Quizás  la causa no la descubramos pasados un mes o para el próximo año. Lo que importa (y duele) es que ya no estás entre los vivos, y aunque desearíamos que se tratara de otro de las muchas bromas pesadas disfrazadas de noticias que circulan por la red, no hay ninguna duda: falleciste.

Prefiero recordar, en estos momentos, tu vida y obra. Gracias por darme tan buena música, con la que disfruté enormemente. Me acuerdo la primera vez que te escuché con los Cranberries: era el año 2003, y estaba de paseo en Morelia, a bordo de una unidad del transporte público. El chofer del vehículo traía la radio prendida y sintonizaba una estación local cuando empezó a sonar una canción que me llamó mucho la atención por su ritmo y la potente voz de su intérprete ¿La melodía en cuestión? Ni más ni menos que Zombie. Recuerdo incluso que otro pasajero, un joven de unos veintitantos, la cantaba en voz baja, indicando con ello que también le gustaba. Atesoraré esa y otras memorias en mi cerebro con gran cariño y nostalgia…al igual que lo haré contigo, aunque debo admitir que tu deceso me afecta. Pienso, a manera de consuelo, que has de estar ya en el cielo, roqueando con otras grandes del género, y que millones de personas en el mundo no dejarán morir tu legado y tu leyenda. Hasta luego, Dolores.

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Acróstico 25

borges

Buscador incansable de historias fantásticas y

Observador también de todo entorno actual.

Representante de su único e inigualable estilo,

Generado gracias a su imaginativo pensamiento,

En donde lo irreal y lo real se volvían uno solo;

Sembrando así libros por demás maravillosos.

Númenor

The_Drowning_of_Anadune_(Numenor)_de_john_howe_reducida

Juro por Eru y todos los Valar y Maiar

Que así nunca debiste de acabar,

Hundida por siempre en el inmenso mar

Donde ya nadie más te podrá mirar.

 

Fuiste el regalo más grande y precioso

Que a los Hombres mortales se les concedió:

La isla en donde todo era maravilloso

Y en la que un magnífico imperio surgió.

 

Tu poderío entonces no tenía rival,

Y de noble corazón era toda tu gente;

Pero en su deseo de evitar la muerte,

En muchos comenzó a emerger el mal.

 

Pueblo y gobierno mezquinos se tornaron,

Con desdén a otros hombres miraron;

Buscaban ahora más el oro y la riqueza,

Mientras en sus almas sólo había pobreza.

 

Fue durante esa preocupante situación,

Cuando el maligno Sauron hizo su aparición,

Fingiendo del Rey obediente siervo ser,

Para en realidad a sus designios someter.

 

Al rey con terribles ideas blasfemas sedujo

Aumentando su orgullo, codicia y maldad.

Muchos comenzaron a adorar a la Oscuridad,

Lo que, al final a la perdición los condujo.

 

Unos pocos había aún de buen corazón

Quienes a sus congéneres trataron redimir,

Mas al final ya no hubo ninguna salvación

Pues ese gran reino dejaría de existir.

 

Cuando la última Veda fue quebrantada,

Toda la Ira de los Valar quedó desatada,

Suprimiendo a los sacrílegos del mundo

Y sumergiendo la isla en el mar profundo.

 

¡Oh, bienamada y desdichada Númenor,

Cuya pérdida causa tan amargo dolor!

¿Algún día podrás de nuevo emerger,

O por siempre oculta has de permanecer?