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Remakes gringos de películas extranjeras

Suele pasar que, cuando los productores de Hollywood se quedan sin ideas que explotar, recurren a campos foráneos que les den buen material que,tiempo después ellos utilizarán para crear nuevos filmes, adaptados al idioma inglés y al contexto sociocultural de Estados Unidos. Además,dado que el espectador estadounidense promedio no está acostumbrado (ni dispuesto) a tener que leer subtitulos, estas nuevas producciones tienen cierto éxito en dicha nación. Aquí les presentamos varios ejemplos notables de tal fenómeno; algunos de calidad notable, otros que resultan no ser más que una burda copia de la original.

Enamorada / The torch

La jaula de las locas

Tres hombres y un bebé

Perfume de mujer

Nueve reinas/Criminales

Abre los ojos /Vanilla Sky

El aro

Il mare/ La casa del lago

El ojo

REC/ Cuarentena

Oldboy

Déjame entrar

Somos lo que hay

Amigos

Y próximamente….

Cuando el bueno se vuelve malo

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La escena es inolvidable para una geek como yo: Frodo Bolsón por fin se halla en el cráter del Monte del Destino, a punto de arrojar el Anillo y concluir, después de tantos problemas y sufrimientos, su Misión(así, con mayúscula). Se le nota indeciso y, al verlo,  Sam (su jardinero y eterno compañero) lo exhorta desesperadamente “¡Arrójelo, señor Frodo!” Éste continúa mirando su Carga (también con mayúscula, por favor) en el mero borde de aquél volcán de candente lava cuando, súbitamente, se voltea, mira a Sam con un gesto distorsionado y reclama “¡El Anillo es mío!”, para posteriormente sonreír malevolamente y adueñarse de aquél objeto que debería destruir. Es entonces que Sam grita lleno de una inmensa desesperación “¡No!”…al igual que lo hicieron, para sus adentros, muchos de los espectadores del cine aquella lejana época. Y es que esa representación muestra algo que muchos temen y nadie desea dentro de una historia: que el héroe, el valiente e íntegro protagonista, termine sucumbiendo ante la maldad y se vuelva un villano. Las razones son específicas y hay que desglosarlas de modo más o menos amplio.

La gente, en su vida cotidiana, siempre tiene que lidiar con los “malos”: personas desagradables, prepotentes, cretinas y despectivas que hacen la existencia, en el mejor de los casos, más difícil de lo que ya es; y en el peor, como un total infierno. El cine y  la televisión son nuestros más frecuentes y valiosos escapes de nuestras frustraciones y amarguras diarias, en donde atestiguamos impresionantes e inspiradoras historias que nos levantan el ánimo para soportar todo aquello que nos afecta. Es por ello que la gente adora los finales felices, pues les hace imaginar que el bien aún existe en el mundo y que, aún cuando las cosas estén por demás feas, todo acabará de la mejor manera. Y es por ello, también, que cuando uno de nuestros héroes cinematográficos,  aquellos en los que reflejamos nuestros más íntimos deseos y expectativas, decide traicionar sus propios principios éticos y convertirse en un villano (sean cuales sean sus razones) nos sentimos devastados; después de todo, si los tipos buenos también han de sucumbir ante la maldad ¿qué esperanza tenemos no sólo uno como persona, sino el mundo entero, si ya nadie puede ser completamente bueno?

Y si no son muy aficionados a El señor de los Anillos; bueno, hay un sinfín de otros ejemplos que se podrían citar en estos momentos ¿Quién no recuerda la escena de Indiana Jones y El templo de la perdición en donde, luego de ser convertido al mal por sacerdotes oscuros, estuvo a punto de sumergir en un lago de fuego (ojo: no fue lo mismo que un volcán) a su quejumbrosa acompañante en turno? O, mejor aún ¿cómo olvidar la monstruosa, estrujante y horrible transformación del hasta entonces noble Anakin Skywalker en el villanísimo Darth Vader dentro de La venganza del Sith? Sin duda, más de uno se decepcionó al atestiguar como uno de ellos (o ambos) mando al carajo la bondad y los principios. Empero, las cosas no son tan simples como aparentan, pues la maldad tampoco es un asunto sencillo: nuestros héroes no se convirtieron en perversos porque así lo hayan decidido, sino por el hecho de que, como los humanos que son, flaquearon ante una terrible amenaza que siempre se cierne sobre ellos, y que es, tal vez la más peligrosas de todas: el irresistible poder del mal exterior. Y hay que admitir que la malignidad es mucho más tentadora que el bien, debido a que por el “mal camino” es indiscutiblemente más fácil conseguir todos nuestros sueños y objetivos que si lo hacemos “todo bien”. El mal siempre va a estar ahí, rondándonos en cualquier esquina y en cada momento en que habremos de tomar una determinación importante para fusionarse con nuestra propia maldad interna, destrozando todo en lo que creemos y volviéndonos pequeños o grandes monstruos, según el avance que nosotros mismos le concedamos. Y nuestros héroes, claro está, también son humanos imperfectos y expuestos a “lo malo” (llámense sacerdotes de un culto negro, políticos corruptos o anillos con poderes devastadores) ; y a menos que se traten de auténticos santos, podemos comprender que la razón de su “caída” haya sido un momento de flaqueza emocional de la que no estaban completamente preparados para afrontar dadas sus propias circunstancias.

Y es ese, exactamente, uno de los factores por las cuales cualquiera (no particularmente un protagonista de película épica) acaba por mandar su integridad moral al diablo y hacer caso a su perversión interna y externa. Cuando uno sufre demasiado y carece de alguien que lo motive a proseguir en un camino adecuado, supone que nada de lo que haya hecho bien le ha servido de mucho (o nada) y prefiere probar suerte en asuntos truculentos y reprobables al ya no tener “nada que perder”.  El mejor ejemplo es el mentado Anakin, quien previamente influido por el nocivo (y desfigurado) canciller Palpaltine, había aceptado acatar reglas contrarias a la filosofía Jedi; para finalmente abjurar por completo de todo lo que había sido tras enterarse de la muerte durante el parto de su esposa. Su dolor mal sobrellevado lo llevará (aparte de las malditas ideas que el canciller le metió en la cabeza) a transformarse en un tirano intergaláctico y sin temor de nadie. Eso, más que nada, evidencia también que los héroes no son sólo eso, sino gente que comparte nuestros mismos rasgos y con las que más de uno podría identificarse, al sentirlos no como personajes invencibles y perfectos en todos los detalles. El protagónico de dichas cintas debe de despertar empatía en el espectador por sus cualidades y debilidades, a diferencia de los superhéroes, quienes captan la admiración del ciudadano promedio por sus poderes y habilidades.

Y, finalmente, en estas historias ocurre un elemento no muy frecuente en la vida real, pero que para el televidente o cinéfilo que invierte mucho de su tiempo en ellas, resulta francamente reconfortante: la redención del otrora bueno convertido en villano. Pues, sí, es decepcionante que nuestros ídolos dejen de ser gente “noble e incorruptible”, pero es muy revitalizador atestiguar como ellos mismos se percatan de sus errores, se arrepienten y rectifican el camino ¿Quién de ustedes no suspiró de alivio en el instante en que, por acción del niñito oriental, Indiana Jones escapó del embrujo al que lo sometían y retornó con mucha más fuerza, previniendo que la güera oxigenada se achicharrara? ¿Quién, como yo, no se conmovió cuando Frodo, contando con la opción de poder rescatar el Anillo de su destrucción o rescatarse sólo a él mismo y a Sam, decide lo segundo y cumple, de cierta forma, su Misión? ¿O quién no rememorará por siempre el corte final de un Darth Vader agonizante, frente a su hijo Luke, pidiendo perdón arrepentido por todos los perjurios que había cometido? Es esperanzador para la gente la posibilidad de que, al final, todos aquellos que nos hacen la vida pesada acaben, como esos individuos, recapacitando de sus malos actos y dejen de hacérnoslos, tornando nuestra existencia más plena; o mejor aún, que los grandes delincuentes y parias internacionales se aparten de sus villanías para siempre y el mundo entero dejaría de ser un sitio tan deplorable. Es, en esa esperanza, en donde radica, en mi opinión, el encanto secreto que poseen esas historias en donde el bueno se vuelve el malo.

Crítica a «El Señor de los Anillos», ¡de Ralph Bakshi!

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Muy poco antes de que viera en el cine La Comunidad del Anillo, a finales del 2001, me enteré que, hacía ya varias décadas, un revolucionario director de nombre Ralph Bakshi, había dirigido y estrenado su versión de la historia más famosa de J.R.R Tolkien. Dos meses después, encontré en un puesto pirata la mentada cinta, y quise comprarla, movida por la curiosidad que me generaba esa otra propuesta cinematográfica. Sin embargo, mi madre no compartía mi mismo interés y dejamos pasar tan grande oportunidad. Transcurrieron más de una década sin que volviéramos a hallar un solo ejemplar de dicho filme, ni en sitios expendedores de material apócrifo ni en tiendas debidamente registradas. No fue sino hasta que me proporcionaron un link de una página de streaming que, luego de tanto tiempo, por fin pude ver esa película…y con ello puedo dar ahora si mis impresiones.

 

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Aragorn y Legolas en Moria: El peligro acecha

A estas alturas, es casi inevitable hacer comparaciones entre los trabajos de Bakshi y Peter Jackson, por lo que, muy a mi pesar, empezaré por un balance de los personajes caricaturizados que el primero empleó. Hay algunos que concuerdan a la perfección con la imagen que nos habíamos formado de ellos (Gandalf, Frodo, Galadriel), mientras que otros no corren en lo absoluto con dicha suerte: Aragorn parece más un indio piel roja ideado para un western animado, Boromir luce como un vikingo fugitivo y Eowyn recuerda más a la emblemática bruja de 71 que a la indómita doncella guerrera del texto original. Otros son sólo un poco desangelados, como es el caso de Saruman (quien a pesar de ser “el Blanco”, en esta película lleva atavíos rojos) y Legolas, cuyos rasgos levemente asiáticos no acabaron por convencerme. En lo que sí coincidieron ambos realizadores fue en haber sacado “de la jugada” al elfo Glorfindel, sustituyéndolo con otros personajes (el ya referido Legolas, por parte de Bakshi; y la princesa Arwen, en el caso de Jackson), provocando el desconcierto de cualquier purista.

El orden de las secuencias también es distinto. Bakshi, quien no contaba con mucho presupuesto ni tiempo para narrar buena parte de la historia en dos horas y media (pues a diferencia de Jackson, sólo podía narrarla en dos cintas en vez de tres), omitió escenas memorables como la del fallido tránsito de la Comunidad por el monte Caradhras y la travesía por el Anduin luego de dejar Lothlorien. Sin embargo, las secuencias de la caída de Gandalf en Khazad Dhum y la muerte de Boromir son llamativas, impactantes y hasta conmovedoras, lo que le inyecta vigor a la trama en momentos en que muchos podrían ya estarse aburriendo. Durante toda la cinta, las imágenes parecen percibirse de una manera distinta a la habitual en cualquier animación; y no es por que el espectador tenga problemas oculares o la calidad fotográfica sea mala, sino porque este film fue llevado a cabo mediante una revolucionaria (en aquel entonces) técnica en el que se sobreponían dibujos animados sobre imágenes reales previamente grabadas. Tal método le da a la fotografía un toque único y atractivo, pues lo que vemos en pantalla podría representar una cinta en live action y no una producción animada. Ese es uno de los mayores fuertes de la película, en mi opinión.

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Frodo y los demás hobbits: En buena compañía

Empero, la acción no fluye de modo adecuado en varios puntos, tornando la historia lenta y tediosa para muchos, quienes perderán el interés y optarán por irse o adelantar escenas. Tanto los fans más férreos como aquellos que apenas se adentran a la Tierra Media podrán sentirse desilusionados con esta película, pues carece de la espectacularidad visual y argumentativa que muchos esperarían poseyera una adaptación de la obra de Tolkien; pero esta versión no es del todo mala, y se podría considerar que Bakshi se tomó muchas menos licencias que Jackson a la hora de hacer su producto, quizás debido a que, al ser él mismo un fan más de Tolkien, no quiso realizar demasiadas modificaciones. La mayoría del trasfondo que hay dentro de los libros pervive de buena manera dentro de esta cinta, y eso es algo que no se le puede reprochar a su director. En realidad, el mayor defecto que encierra este film es el hecho de que, por falta de fondos y éxito comercial, el señor Bakshi no pudo concluir la historia y la dejó sin acabar en un punto muy culminante de la obra (la batalla del abismo de Helm, para ser exactos); siendo que en esta producción todavía había muchos pasajes de enorme trascendencia que debían de plasmarse en pantalla (como la batalla entre Eowyn y el Rey Brujo o los acontecimientos en la cima del Monte del Destino). Sin embargo, lamentablemente nunca sabremos como hubieran quedado esas secuencias, lo cuál es casi criminal.

Al final de cuentas, esta versión setentera no es de la colosal magnitud y calidad que la de su símil de principios de milenio, pero debe de ser vista por cualquiera que se precie ser fan de ese enorme colectivo llamado “La Tierra Media”, pues después de todo, marcó la pauta que habría de seguirse muchos años más tarde.

Diferencias ¿irreconciliables?

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A pesar de que compartimos el mismo idioma (el castellano), las diferencias lingüísticas entre España y México son muy marcadas, y en el caso de la industria cinematográfica hollywoodense, éstas variaciones se ponen en franca evidencia no sólo por los distintos doblajes que se realizan en ambas naciones por su propia cuenta, sino también en las dispares títulos comerciales con que cada una los bautiza. Es por eso que, reflexionando al respecto, elaboré este pequeño artículo, cotejando algunos ejemplos de dichos títulos y clasificándolos según sus diferencias. Aquí van pues:

Mismo título en los dos lugares:

Lo que el viento se llevó (Nombre original: Gone with the wind, 1939)

La naranja mecánica (Nombre original: A clockwork orange, 1971)

La guerra de las galaxias (Nombre original: Star Wars 1977)

La vida es bella (Nombre original: La vita e bella, 1997)

El Hobbit (Nombre original: The Hobbit, 2012)

Ligeras variaciones

Asesinos por naturaleza (México); Asesinos natos (España) (Nombre original: Natural born killers, 1994)

El talentoso Mr. Ripley (México); El talento de Mr. Ripley (España) (Nombre original: The talented Mr. Ripley, 1997)

Legalmente rubia (México); Una rubia muy legal (España) (Nombre original: Legally blonde, 2001)

Retrato de una pasión (México); Retrato de una obsesión (España) (Nombre original: Fur: An imaginary portrait of Diane Arbus, 2007)

Batman: El caballero de la noche (México); Batman: El caballero oscuro (España) (Nombre original: Batman: The dark knight, 2008)

Títulos completamente distintos:

La novicia rebelde (México); Sonrisas y lágrimas (España) (Nombre original: The sound of music, 1965)

Duro de matar (México); La jungla de cristal (España) (Nombre original: Die hard, 1988)

Rápido y furioso (México); A todo gas (España) (Nombre original: Fast and Furious, 2001)

Amigos (México); Intocable (España) (Nombre original: Intochables, 2012)

La reina infiel (México); Un asunto real (España) (Nombre original: En kongelig affære, 2012)

Y, a todo esto, ¿qué opinan? ¿Hay algunos títulos que les gusten más que otros? ¿Prefieren aquellos que estén más apegados a la denominación original? ¿O, por el contrario, les agradan los que se acercan más al sentido de la trama? ¡Sus comentarios son tan importantes en este momento!