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Mi inesperado heredero

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Sí, ¡claro que lo recuerdo! Como si fuera ayer, de hecho. Al mediodía, mientras disfrutaba una buena taza de té, llamaron a la puerta. La interrupción me molestó un poco, pero de todos modos fui a atender el llamado. Era una hermosa mañana, muy similar a aquella en me encontré con Gandalf y habría, en contra de mi voluntad, de integrarme a la compañía de Thorin Escudo de Roble. Quizás por ello me surgió el presentimiento de que algo importante ocurriría de nueva cuenta. Al toparme cara a cara con mi pariente Drogo, parecía haberme equivocado en aquella impresión.

-¡Ah, buenos días, Drogo!-saludé amable- Pasa por favor.

-Buenos días para ti también, Bilbo- me saludó sonriendo mientras ingresaba a Bolsón Cerrado.

-¿Quieres algo de comer?- ofrecí- Tengo un nuevo paquete de panecillos especial para mis invitados.

-No, gracias- declinó-. Mi visita será breve.

-¿Y a qué se debe tu honorable presencia en mi morada, estimado Drogo?

-Es para informarte de un asunto trascendente para la familia.

Sospeché que en verdad debía ser algo relevante, pues para que Drogo viniera en persona a contármelo, en lugar de enviarme un mensaje o enterarme por medio de terceros, no se trataría de una nimiedad. También intuí que sería una noticia dichosa, pues el rostro de mi visitante lucía contento y sereno. Sin más demora, él reveló:

-Querido primo Bilbo: ya soy padre. Prímula dio a luz a nuestro primer hijo. Lo hemos llamado Frodo.

-¡Oh, maravilloso! ¡Felicidades, Drogo! ¡Me alegro por ti y tu esposa! Por cierto, ¿ella cómo está?

-Muy bien, afortunadamente, al igual que el pequeño- comunicó lleno de orgullo-. Es sano y fuerte, además de tener una mirada que te derrite el corazón.

-¿Y cuando nació?- quise saber.

-Hace una semana, en la tarde, poco después del mediodía.

-¡Hace una semana! ¡Qué espléndido, justo en mi cumpleaños!

-Bueno, ya de entrada, mi hijo y tú comparten un detalle, aunque creo que comparten otra cosa en común: a veces realiza unas muecas que me recuerdan mucho a ti cuando estás pensativo o algo te llama la atención.

-No me extraña. Después de todo es un Bolsón, y debe haber heredado algo de mí.

-Tal vez eso a la larga se vuelva una desventaja-comentó con cierta preocupación-. La gente podría considerarlo un tanto excéntrico o “raro”, si se parece a ti en algún aspecto.

-¿Acaso estás insultándome, Drogo?-inquirí levemente ofendido por el comentario- ¿Piensas que tu hijo no debería ser como yo porque sería otro “desequilibrado”?

-No, en lo absoluto- se aprestó Drogo a esclarecer-. Es sólo que muchos respetables hobbits no te tienen en muy buen concepto a raíz de los chismes descabellados que circulan sobre ti; como tus supuestas grandes riquezas ocultas y tus poco comunes amistades con elfos y enanos, entre muchos otros rumores que prefiero omitir por ser en extremo ridículos…y algunos se creen hasta esos.

-¡Que los partan los mil rayos!- exclamé indignado- Si creen que soy un demente anormal sólo por haberme hecho de muy buenos amigos durante mi viaje y haber obtenido un ínfimo tesoro, entonces lo soy. No voy a renunciar a mi forma de ser sólo porque algunos, con su limitado entendimiento, no alcanzan a comprender que el hobbit que regresó de aquella travesía no fue un acaudalado y peligroso loco, sino sólo alguien que ya no sería el mismo.

-La desventaja a la que me refería en realidad no era que el pequeño Frodo se asemeje a ti en sí, sino que por ello las personas comiencen a inventar habladurías que podrían afectarle y hacerlo percibirse excluido por todos- exteriorizó mi primo.

-En caso de heredar algo mío, tarde o temprano aprendería a dejar de darle importancia a lo que otros dicen y se centraría en aquello que de verdad importe-concluí contundente.

 

Al cabo de unos minutos, Drogo abordó un tema que, en su opinión, debía de concernirme:

-Tú también deberías de tener tus propios hijos, Bilbo. No sé, quizás iniciar una familia mejoraría la imagen que hay de ti.

-No me interesa realizar esto o aquello nada más para agradar a tal o cual. En todo caso, si no soy muy grato para la inmensa mayoría de la Comarca, ¿qué dama accedería a desposarse conmigo, de buena o mala gana?

-¿No has pensado en que tu existencia estaría completa con una esposa y unos vástagos?

-Mi existencia ya está completa, estimado Drogo. Estoy feliz y conforme con lo que poseo y no requiero de ninguna otra cosa.

-¿Al menos has analizado la posibilidad de dejar algún hijo para que, cuando mueras, los Sacovilla-Bolsón no se abalancen sobre tus bienes como buitres carroñeros e intenten quedárselos, como aconteció hace muchos años?

-Eso ya está solucionado- anuncié con aire de triunfo-. Para evitar que Otho y Lobelia se salgan con la suya, me he propuesto adoptar como heredero a uno de mis parientes. El trámite se hará con todas las de la ley, para que ellos no puedan alegar que fue un procedimiento inválido; y lo haré en secreto, de manera que nadie pueda preverlo y lleve a cabo cualquier acción en contra para impedirlo. Así, me aseguraré de que lo que me pertenece quedará en buenas manos y que los Sacovilla Bolsón vuelvan frustrados a casa una vez más.

-¿Y a quién nombrarás como heredero?

-Aun no lo sé. Puede que a alguno de mis sobrinos del lado Tuk, o a cualquier otro. Lo único que sé es que debe de ser alguien no únicamente en quien pueda confiar a cabalidad, sino que además sea de noble corazón, gran espíritu y una mente ávida de conocimientos.

-¿Habrás de elegirlo pronto?

-No, no es necesaria la prontitud. Esta será una determinación vital, y me tomaré mi tiempo para ello. Supongo que cuando descubra al adecuado, algo en mi interior me lo hará saber…¡Quien sabe! En una de esas, el elegido podría ser tu hijo.

-Tal vez, pero por el momento, habrá de conformarse con ser mi niño querido- declaró Drogo con una amplia sonrisa.

 

Bueno, ya sabes esta historia. Las demás ya las conoces, así que no necesito repetírtelas. Lo único que has de saber de largo tiempo, pero aún así insisto en expresártelo, es que más que hallar en ti a un inesperado heredero, encontré a un ser a quien quiero como si fuera mi propio hijo, y del cuál me siento muy orgulloso. Sin duda que no pude escoger a nadie mejor que tú, mi querido Frodo.

 

 

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Adiós, Tierra Media (cuarta y última parte)

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Y, bien, aún cuando las probabilidades de vencer a Sauron nunca aparentaron ser meras ilusiones, este nuevo peligro ya fue eliminado completamente gracias a la perseverancia, entereza, valor y fidelidad de tantos seres a los cuáles sería incapaz de nombrar en su totalidad. Estoy convencida de que entre ellos estoy yo, y que mi rol dentro de la aniquilación de dicho Señor Oscuro fue más que trascendente, lo que me llena de satisfacción y alivio…no tanto así de alegría, pues con la destrucción del Anillo único y su Amo, el poder de mi propio Anillo, Nenya, así como el de los Otros, se ha extinguido y jamás se renovará, y todo cuanto haya hecho con él terminará por desaparecer. Mismo destino correremos nosotros, los Elfos, quienes empezaremos a ser olvidados y desplazados por los Hombres en una Nueva Edad y Tierra que será sólo para ellos, y donde ninguna de nuestras hazañas pasadas o presentes poseerá alguna importancia; y languideceremos hasta que de nosotros no queden más que huesos resquebrajados y alguna que otra solitaria memoria que sobreviva en la mente de un Mortal.

Es por tal razón que, ahora, en los albores de la Cuarta Edad, he de abandonar la Tierra Media en la que tantas aventuras y desventuras he vivido y a la que he llegado a amar entrañablemente. Si insisto en quedarme, perderé lo poco que todavía conservo, que son mi fuerza interior y mis recuerdos; y no habrá nadie que se preocupe por recuperarlos una vez que yo me desvaneciera de melancolía en este mundo. Ya no poseo el poder ni a magnificencia de antaño, porque ya no soy ni señora ni reina: soy sencillamente un ser que con resignación debe dejar el lugar que fue su hogar durante largas y agobiantes Edades si desea contar con una esperanza de vida y perdón por sus faltas del pasado. Y el corazón me pesa, confieso sin ninguna vergüenza, porque me despido de mi querida Ernor, y con ella de una buena parte mi familia y existencia; pero guardo en el fondo de mí la reconfortante seguridad de que, una vez de que este barco se aleje de los Puertos Grises y de esta parte de Arda, retornaré por fin a mi también muy amado primer Hogar; y veré de nuevo a mis padres, a mis hermanos y a mi hija…y seré tan inestimablemente feliz, como hacía tanto no lo había sido. Y después de eso, ni yo misma sé que habrá de suceder conmigo.

 

Adiós, Tierra Media (tercera parte)

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La amenaza de Sauron se desvaneció luego de que le fuera arrebatado el Anillo Único, pero como dicho artefacto no se destruyó, todos sabíamos de lo efímero de tal triunfo y continuamos alerta. Ya para la Tercera Edad, Celebrian me hizo abuela de tres pequeños: los valientes y audaces Elladan y Elrohir, y la preciosa y cariñosa Arwen, que era mi favorita. A pesar del siempre latente riesgo del retorno de la Sombra, y la angustia que ello me generaba, todavía había en mí cabida para la dicha rebosante y la felicidad auténtica; y no fue sino hasta que mi propia hija fue raptada y torturada por los horripilantes orcos del Enemigo dentro de profundas mazmorras, que el dolor y la amargura se instalaron definitivamente en mi corazón y espíritu; en especial cuando la desafortunada Celebrian tuvo que partir a las Tierras Imperecederas, separándose para siempre de su familia, para así recuperarse de todas sus heridas y traumas. El verla irse tan inconmensurablemente lejos de mi lado y el de su esposo e hijos fue la mayor herida que jamás sufrí, aún cuando ya había experimentado la pérdida de mis hermanos hacía largo tiempo…y, sin embargo, me consoló el hecho de que ella habría finalmente de conocer las Tierras Benditas en donde todo era hermoso y nunca envejece, y las cuáles yo siempre habría de querer y extrañar.

Desde entonces, ya no fui la misma, y me esforcé en rastrear toda pista de la presencia del Mal no sólo para evitar que dominara la Tierra Media, sino también para que no lastimara a cualquiera del mismo modo en que lo había realizado con mi hija y conmigo. Sauron no demoró mucho en manifestarse abiertamente, y aunque creíamos haberlo contenido a tiempo, para entonces su fuerza era muy grande para enfrentarla nosotros solos, y tuvimos que solicitar ayuda de otras Razas, cosa que no sucedía desde la Creación del Anillo. Con todo y el auxilio de nuevos aliados, la certeza de obtener la victoria era muy remota ante el poderío irrefrenable del Señor Oscuro, pero antes prefería morir que ser sometida y servirle como una de sus tantos esclavos; no por orgullo sino por mi convicción de no colaborar a favor del Mal…siendo mi lealtad hacia el Bien más resistente que todas las tentaciones que surgieron en esa etapa de mi vida…

(continuará)

Cincuenta sombras totalmente negras

inerte

La reunión sería en el departamento de Christian. Habían acordado verse desde hacía una semana, una muy lenta y tortuosa semana, por cierto. Anastasia le había pedido a mr. Grey que se citaran para conversar sobre un tema muy íntimo y particularmente relevante para ambos. Él se preguntó cuál sería tal asunto, aunque ya lo intuía de alguna forma tan peculiar y propia de su magnética persona. Llegó a rechazar la probabilidad de que cualquier cosa negativa llegase a suceder, aduciendo que todo acabaría como solía finalizar: Ana cediendo a sus razones y encantos y subyugándose a las pasiones de su amado, por más intensas que éstas fueran. “No, no habrá nada de qué preocuparse” se dijo para sí Christian, comenzando a imaginar, más bien, el tipo de instrumentos y juegos que emplearía con ella esa noche, que aspiraba a ser más memorable que todas las anteriores.

El reloj marcó las diez y Christian llegó unos minutos tarde a la cita. Deseó, interiormente, que Anastasia no estuviera esperándolo desde hacía largo rato, o que no hubiera arribado todavía. Al llegar a la puerta se topó con su amante aguardando con gesto ligeramente impaciente, pero inexplicablemente melancólico. Decidido a no hacerla esperar más, se presentó ante ella con todo su candor arrollador.

-Hola, Ana, lamento el retraso- se disculpó con esa tan sensual voz.

-No, no hay problema, Christian-argumentó ella con una tranquilidad que a él le pareció fingida. Empezó a sospechar que, tal vez, algo sí andaba mal.

Entraron al formidable departamento de mr. Grey, dispuestos a llevar a cabo lo que cada uno planeaba realizar, que serían temáticas distintas entre sí. Tan pronto la puerta se cerró, Christian aprisionó de la cintura a Ana, la atrajo hacia sí y la besó con toda su pasión apenas contenible. Ella disfrutó del ósculo de ese tan hipnotizante hombre, pero su objetivo no era precisamente el compartir esa noche con él.

-Tenemos que hablar- atinó a decir separándose de él.

-¿Hablar? ¿En serio quieres hablar? ¿No preferirías otra cosa?-sugirió Christian lujuriosamente al tiempo que jugueteaba con el cinturón de su pantalón.

-No, esto no puede posponerse-declaró Ana nerviosa- Hay algo de lo que tengo que informarte.

-¿Informarme? Uhm, adoro tu forma de expresarte, querida- afirmó él con un leve éxtasis- Sería muy apropiado que me hablaras así esta noche, mientras hacemos el amor.

-Es de eso exactamente de lo que quiero hablarte- confesó ella con pesar e intranquilidad,  e inmediatamente después añadió una última oración:- Hoy no quiero hacerlo contigo.

-¿Qué? ¿De verdad? ¡Debes estar bromeando!- masculló perplejo mr. Grey. Era la primera vez que rechazaban la idea de yacer en sus brazos y hacerlo gozar con sus singulares gustos. Intento serenarse y, dominando su aturdimiento, dijo:- Bueno, si no lo deseas hoy, podré aguardar un poco hasta mañana, y así te disfrutaré mejor…

Anastasia tomó aire antes de darle su muy directa respuesta a su amado:

-Tampoco quiero hacerlo mañana ni pasado…ni nunca más. Quiero terminar contigo, Christian.

-¿Terminar conmigo? ¿¡Pero por qué?! ¿¡Cuál es la razón?! Acaso ya no te parezco atractivo y deseable?- preguntó atónito y desconcertado Christian.

-No, en lo absoluto. Es sólo que…ya no me siento cómoda con este tipo de relación que tenemos- confesó Ana con un enorme  trabajo, tragando saliva- No puedo asimilar totalmente tus prácticas.

-¡Pero tú accediste a ello! ¡Sabíamos en lo que te estabas metiendo! ¡Lo sabías y aún así lo aceptaste! ¡Yo te lo advertí y lo aceptaste!-replicaba él enérgico.

-Sí, lo sé- reconoció ella pesarosamente- Y lo acepté porque me había enamorado de ti, y no me importó lo que tú me ofrecieras, pues creía que todo lo que me concedieras sería bueno para muy podría adaptarme a ello. Pero me equivoqué…algunos de los juegos que llevamos a cabo me excitan, sí, pero también me generan un dolor que muchas veces es intenso, tan intenso como el deseo y pasión que estar contigo íntimamente me produce. En verdad que no he sentido nada tan fuerte como lo que me inspiras en la cama, pero el dolor de los látigos, las esposas y las cuerdas empañan ese gran placer que sólo tú sabes dar, además de que  luego mi cuerpo lo resiente en proporciones considerables y ya han surgido marcas en mi cuerpo que no sé si lleguen a borrarse. No, esto ya no comienza a agradarme, y desconozco si nuestra relación pueda resultar en algo todavía más grave de lo que te menciono.

-¡No puedes hacerme esto!-alegó indignado- ¡Yo soy el hombre de tu vida, el fundamento de tu existencia! ¡Nadie más ter hará sentir como yo!

-Y en verdad que no te olvidaré-insistió Ana, pretendiendo suavizar la cada vez más tensa y peligrosa situación- Me has brindado momentos únicos que nunca se irán de mi mente, y siempre te guardaré cariño; mas he encontrado que preferiría estar en una relación menos pasional y candente, pero mayoritariamente cariñosa, protectora  y seria que en lo que tú y yo tenemos ahora.

-¿Me estás dejando por otro?-insinuó paranoico Christian- ¿Me vas a abandonar por un imbécil cualquiera? ¿Me cambiarás por alguien que no es ni la sombra de lo que soy? ¡Nadie me deja a mí! ¡Yo soy quien deja a las personas, en todo caso!

-¡No, Christian, no hay nadie más de por medio!- aseguró tajantemente Anastasia, empezando a asustarse por la reacción violenta de su pareja- Es sólo que yo quiero algo más que lo que poseemos en la actualidad, y si no estás dispuesto a dármelo de buena gana, entonces ya no pretendo continuar a tu lado…aunque nunca te olvidaré, pues fuiste y serás alguien de gran relevancia en mi vida. Lo lamento tanto Christian, pero…esto acabó.

Ella se dirigió hacia la puerta mientras él la observaba lleno de una frenética rabia que anteriormente había sido una avasalladora pasión ¡No, no permitiría que ella se marchara de su vida así como así, como si hubiera sido un hombre más y no el hombre de su vida, su maestro en las artes del amor carnal y el que la hizo mujer en toda la extensión de la palabra! ¡No, no lo permitiría, porque él no era un hombre que debía abandonarse por nadie, y menos por ella, quien hasta antes de que la conociera en su oficina, no era más que una mocosa estúpida, virgen e inexperta que no tenía idea de nada! ¡Ana era lo que ahora era gracias a él, y no iba a pagarle con semejante ingratitud! ¡No, no iba a pasar aquello, o antes dejaría de ser Christian Grey! Así pues, antes de que ésta girara la perilla de la puerta para salir del departamento, él la sujetó con fuerza del brazo y le dijo fríamente:

-Tú no vas a ninguna parte

-Suéltame Christian, me lastimas- se quejó Anastasia temerosa.

-Tú te quedas aquí, conmigo- insistió bruscamente mr. Grey al tiempo que la lanzaba hacia el sofá de la sala y se le colocaba encima para inmovilizarla.

-¡No, Christian, no!-empezó a suplicar Ana aterrada-¡No lo hagas!

-¡Yo hago lo que quiera contigo, puta!-rugió colérico él- ¡Tú eres mía y de nadie más porque accediste a ello! ¡Mía o de nadie!

A la par que profería tales palabras, Christian rodeó con sus poderosas manos el delicado cuello de su sometida; las mismas manos que otrora usó para repartir irresistibles caricias ahora eran requeridas para infligir daño mortal. Aplicaba cada vez más presión alrededor de esa zona, mientras Ana intentaba inútilmente de librarse de aquél terrible enemigo que amenazaba su integridad. Manoteaba y arañaba lo más que podía, pero todo resultó infructuoso, pues su agresor no se detuvo hasta que ella ya no opuso resistencia y todo indicio de vida desapareció…

Al día siguiente, la noticia de primera plana de todos los periódicos fue el arresto del poderoso y bien conocido magnate Christian Grey por haber asesinado a su pareja, la joven estudiante de literatura inglesa Anastasia Steele, de tan sólo 21 años. También fue publicada una pequeña esquela en los obituarios de los diarios en la que se reseñaba la vida y logros de la ahora occisa, recordada gentilmente por sus amigos y compañeros universitarios por su carácter dulce y amable.  Mientras se llevaban a cabo los funerales, el proceso penal contra mr. Grey comenzaba, y éste era recluido en la isla de Rikers en espera de su juicio. Después de todo, Christian tuvo razón…esa sería una noche memorable.

El último día (cuarta y última parte)

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Hubo mucho silencio después del combate. Me preguntaba donde estarían los demás, por qué no habían ido en nuestra ayuda y si el motivo por el que no contamos con su auxilio no se debería a que los orcos los habían ultimado a ellos también, lo que explicaría además la quietud a mi alrededor. Sentí pena por Frodo, por Merry, por Pippin, por todos… inclusive por mí, un guerrero al servicio de su patria que había defraudado a todos y que no pudo cumplir con ninguna de las misiones recientemente encomendadas. Estaba al borde de la muerte y sentía que toda mi vida había sido un rotundo fracaso y quise llorar, pero no tenía lágrimas. No sabía si Frodo vivía o no, pero quizás el Anillo habría sido recuperado por el Enemigo y todo se sumiría en tinieblas y Minas Tirith quedaría arruinada y ya no habría más luz ni belleza en el mundo. El horizonte se oscurecía por completo y lo único que quedaba por hacer era aguardar a que todo acabara lo más pronto posible para no prolongar el sufrimiento.

Inesperada, aunque tardíamente, apareció ante mí Aragorn. Me confortó saber que al menos él seguía con vida, pues era un guerrero valiente que había guiado bien a la Comunidad a partir de la caída de Mithrandir en el puente de Khazad-dum. Me sentí en un principio receloso de su persona por reclamar el título de heredero al trono de Gondor, cuando yo no estaba bien seguro de que fuera el legítimo descendiente de Isildur, además de que no confiaba en que pudiera afrontar la responsabilidad tan grande de gobernar a mi pueblo. Pensaba en que un simple montaraz no podría estar emparentado con los antiguos y gloriosos señores de Gondor, pero no  es bueno fiarse de las apariencias, ya que aprendí que éstas ocultan a menudo la verdadera  personalidad de quien las lleva. Aragorn  demostró ser no sólo un buen capitán de la Comunidad, sino también alguien digno de ser coronado como rey de Gondor y aún me siento orgulloso de haber marchado a su lado. Incluso en esos momentos me enorgullecía tenerlo cerca de mí, a pesar de que hubiera preferido contar con su presencia minutos antes de la batalla y así hubiéramos triunfado. Él se acercó a mí y le informe que se habían llevado a Merry y a Pippin además de que le confesé, arrepentido y sin poder ocultárselo más, lo que quise hacer con Frodo. Su mirada era compasiva  e irradiaba el perdón que tanto necesitaba sentir. Quise decirle todo lo que pensaba y mis temores, pero un manto negro me cubrió la vista, mi voz se quebró y mi vida se extinguió.

Así fue el último día de mi existencia, y así acabaron mis días, aunque este relato todavía ha de proseguir un poco más. Después de mi fallecimiento aparecieron Legolas y Gimli, los cuáles acordaron junto con Aragorn que lo mejor sería darme una sepultura en el río, ya que contaban con pocos recursos para hacer uno terrenal. Trasladaron mi cuerpo inerte con sumo respeto y la depositaron en una de las barcas que se nos obsequiaron en Lothlórien a nuestra partida de ahí y, a su vez,mis amigos la transportaron río adentro hasta los rápidos del Rauros, donde la soltaron y la dejaron ir. Navegué de esa manera por todo el curso del Aunduin y, en cierto punto, mi estimado hermano Faramir encontró la barca con mi cadáver y confirmó que en verdad había muerto, pero la corriente me llevó todavía más allá hasta que desembocó en el Mar, el cuál se convirtió en mi última morada definitiva. Por otro lado, mi espíritu arribó a las Estancias de Mandos, en donde todos van al morir. Mi deceso causó dolor en quienes me apreciaron, y en vida cometí muchos errores, pero no he fracasado, como llegué a pensar antes de morir; porque también logré grandes hazañas que pocos pueden presumir, lo que es significativo. Ahora sé que Frodo cumplió su Misión y que Aragorn ocupó el trono que tanto merecía. La Oscuridad se acabó, y Gondor es mejor de lo que yo siempre pensé que podía ser. Ya no siento ningún pesar: mi cuerpo está en los dominios de Ulmo y mi espíritu se halla en completa paz. No puede haber nada mejor para alguien como yo.