Archivo de la etiqueta: Personajes históricos

Acróstico 29

homero_2

Horadó profundamente en las nieblas del olvido,

Obstinado en rescatar las grandes historias antiguas

Mientras aun hubiera gente para recordarlas.

Encontró y rescató a Troya y a sus protagonistas,

Resguardándolos en rapsodias para la posteridad,

Otorgándoles un perdurable y legendario encanto.

Anuncios

Ada Lovelace: Pionera de la computación

pf4opheg1pqoypkqnhxy

En la actualidad, nos resulta muy sencillo acceder a una computadora y utilizarla para diversos propósitos, ignorando que para que pudieramos disfrutar de dichos dispositivos, se invirtieron años de dedicación y esfuerzos de varios brillantes personajes. Una de ellos fue Ada Augusta Byron (la cuál, al casarse con el conde de Lovelace, adquiriría tal apellido), quien pasaría a la historia no sólo como la hija de otro célebre personaje (ni más ni menos que el poeta lord Byron), sino como una de las impulsoras de la computación moderna.

Desde temprana edad, la madre de Ada la instruyó en matemáticas y ciencias, por lo que siempre destacó como unja mujer inteligente y brillante en una época en la que las mujeres no tenían muchas oportunidades en la vida, ni siquiera si procedían de noble cuna. Frecuentaba el círculo científico victoriano y fue así que conoció a Charles Baggage, quien por entonces planeaba construir una máquina aritmética que llevara a cabo operaciones aritméticas de múltiple complejidad. Ada no sólo alentó a Baggage a materializar su proyecto, sino que colaboró con este elaborando una serie de instrucciones para operarlo. Lamentablemente, al artilugio tan novedoso nunca llegó a construirse.

No menos triste fue el hecho de que la condesa Lovelace murió a la prematura edad de 35 años, a causa de cáncer cérvico-uterino, dejando a tres hijos pequeños huérfanos y un futuro en las ciencias truncado. No obstante, a pesar de su corta vida, el legado de esta asombrosa mujer bastó para que toda la humanidad le esté eternamente en deuda, y hay que recordarla cada vez que prendamos nuestras modernas computadoras, que descienden de un aparato en el que ella trabajó.

 

Irena Sendler: Un ángel en el infierno

irena-sendler2

Oficialmente, Irena Sendler tuvo tres hijos, aunque en realidad, la cifra de sus vástagos asciende a dos mil quinientos. La explicación a tal proeza no se debe a una insólita capacidad reproductiva de dicho personaje, sino al extraordinario proyecto de aquella mujer de rescatar y ayudar a todos esos pequeños encontrarles un hogar seguro, aún arriesgando la suya propia, en el marco de la ocupación nazi en Polonia; mostrando con ello no sólo una gran valentía y amor al prójimo, sino evitando que muchas más personas murieran víctimas de una sangrienta guerra con tintes raciales.

La inspiradora historia de Irena comienza en el año 1940, cuando laboraba como enfermera voluntaria en el gueto de Varsovia, lugar creado por los invasores alemanes para recluir, en condiciones cada vez más inhumanas, a todos los habitantes judíos de la ciudad. Ella, preocupada por el futuro de los niños de dicho sitio, comenzó a aceptar las desesperadas propuestas de sus madres de sustraerlos a escondidas del gueto para evitar que fallecieran por hambre o enfermedad. Conforme fue apartando a los infantes de tal horror, Irena se percató de que sus esfuerzos no le parecían del todo suficientes, por lo que comprometió a continuar con mayor intensidad su peligrosa labor, ocultando dentro de los medios más insospechados a un creciente grupo de pequeños de las más diversas edades; falsificando documentos para darles una nueva identidad y proporcionándoles nuevas familias adoptivas que los refugiaran del terrible destino que les hubiera aguardado. No obstante, con el objetivo de que, al terminar el conflicto, los niños pudieran reclamar sus verdaderos orígenes, la sagaz dama redactó una lista secreta en la que había escrito los nombres, edades, lugares de nacimiento y nombres de sus progenitores originales. Dicho documento fue enterrado en el jardín de su casa, para evitar que cayera en manos equivocadas, y no lo entregaría sino hasta tiempo después, a una persona de su confianza que simpatizaba con su misión.

Sin embargo, sus actividades clandestinas no demoraron en provocar sospechas en las autoridades nazis, quienes la encarcelaron, torturaron y condenaron a muerte a pesar de no contar con pruebas para ello. A pesar de todo, Irena salvó su vida mediante la intervención de una asociación de resistencia judía, la cuál sobornó a sus ejecutores para que la dejaran libre y la reportaran como ejecutada ante los jerarcas alemanes. Luego de tan dramática experiencia, ella misma se vio obligada a cambiar su identidad y a huir del país, no sin antes hacer entrega de su trascendental listado. Cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial, se investigó el paradero de aquellos niños y de sus padres, descubriendo que la abrumadora mayoría de aquellos progenitores habían fallecido tiempo después de separarse de sus descendientes, al ser trasladados a diferentes campos de concentración.

Durante los siguientes cincuenta años, Irena vivió en el absoluto anonimato en Estados Unidos, hasta que un grupo de estudiantes locales, que llevaban a cabo una investigación escolar, comenzaron a reconocerla gracias a una serie de antiguas fotografías que circulaban en la red. Al verse “descubierta”, y ya libre de cualquier amenaza en su contra, finalmente la enfermera del aquél gueto admitió públicamente quién era en realidad; y así se convirtió no sólo en una figura pública, sino en una de las más grandes heroínas y salvadoras en la historia de la humanidad. Al respecto, ella siempre comentó que no creía merecer tanta fama y admiración, pues consideró haber realizado “muy poco” por en aquellos aciagos años. Finalmente, habría de morir en 2008, luego de que sus “insignificantes esfuerzos” bastaran para demostrar que incluso en los peores momentos, el ser humano puede mostrar auténtica misericordia y amor por los demás.

Simon Wiesenthal: El largo brazo de la venganza

simon-wiesenthal

No es en lo absoluto un secreto que la Segunda Guerra Mundial fue el conflicto bélico más devastador de los últimos tiempos; en particular en debido a que , dentro de su contexto histórico, se llevó a cabo uno de los mayores (si no que el peor) genocidio que se tengan registrados: el Holocausto. Durante éste, se exterminaron a niveles inconcebibles a ciertos sectores poblacionales que Adolf Hitler consideraba contrarios a su régimen; entre los que estaban el grupo que el Führer más repudiaba y culpaba directamente del atraso económico de Alemania: los judíos. Luego del ascenso al poder del partido nacionalsocialista, toda la raza semita, sin importar su edad, género y nacionalidad, fue desprestigiada, estigmatizada, aislada y, por último, trasladada a campos de concentración con la finalidad de ser desaparecida de una vez por todas de la faz de la Tierra. No obstante, y a pesar de las condiciones infrahumanas que millones de esos individuos tuvieron que soportar, muchos de ellos lograron sobrevivir para contar sus dolorosas experiencias; y algunos de ellos habrían de dedicarse, al pasar el tiempo, a un solo objetivo: encontrar a todos aquellos militares y mandatarios nazis que permitieron tan reprobable matanza y hacerle justicia a todos los seres que perecieron dentro de esos campos de la muerte. Uno de ellos fue Simon Wiesenthal, quién pasaría a la posteridad como el más célebre cazador de nazis.

Hasta antes del inicio de la Guerra, Wiesenthal era un ciudadano común que se desempañaba en Viena como un arquitecto de renombre. Empero, una vez que la ideología nacionalsocialista comenzó a inundar el país austriaco, el respeto, los amigos y colegas que otrora contaba se fueron diluyendo de su vida, sustituyéndose por una constante discriminación y persecución. Como el caso de millones más, Wiesenthal y todos sus parientes terminaron por ser enviados a los campos de exterminio. En un momento determinado, sumido en una profunda desesperación, y sabiendo que muchos miembros de su familia ya habían fallecido (en total murieron ochenta y nueve), éste intentó suicidarse cortándose las venas; mas fue salvado a tiempo y mientras se recuperaba en la enfermería del campo, cambió su perspectiva y se fijó una misión distinta: vivir lo suficiente y hacer todo lo que estuviera a su alcance para que ninguno de aquellos perpetradores de semejante barbarie quedara impune. Con tal objetivo en mente, y habiendo pasado varias “temporadas” en la mayoría de los campos nazis, Wiesenthal memorizó los nombres, rostros  y rangos de todos los nazis que ejercieron cualquier tipo de autoridad dentro de éstos.

Al término de la conflagración, con una Alemania ya vencida y humillada, se celebraron al cabo de un tiempo los Juicios de Nüremberg, donde se llevó ante la justicia a varios de los colaboradores más cercanos del ya fenecido Hitler. A pesar de ello, en esa ocasión tan particular no estuvieron presentes muchos de los criminales de guerra más sanguinarios y relevantes de dicha contienda; cosa que Wiesenthal sabía muy bien, y fue por ello que, tiempo después y colaborando con el Mossad (el Servicio Secreto del recientemente creado Estado de Israel), localizó al individuo que representaría su mayor triunfo dentro de su tan particular carrera: Adolf Eichmann, supervisor de transporte de prisioneros y jefe de varios campos de la muerte. Eichmann habría logrado escapar cambiando de identidad y huyendo a Sudamérica, más todos sus esfuerzos resultaron ser en vano tras ser detenido luego de que Wiesenthal informara sobre su paradero a las autoridades israelís. Ya extraditado a Israel, el antiguo jerarca germano fue llevado ante la justicia, sentenciado a muerte y ahorcado en 1966. Y aunque ese fue su mayor logro, Wiesenthal no se conformó y, en total, encontró  y dejó a manos de los tribunales a un total de 1,100 de antiguos prófugos nazis.

Aunque fue un trabajo muy prolífico el que realizó, su labor no se exentó de algo que es común en todas las que el ser humano hace: la jubilación. Fue por ello que, pocos años antes de morir, Wiesenthal anunció su formal retiro; y luego de ello, se dedicó a tener una vida tranquila y sin preocupaciones…la clase de existencia que siempre había querido tener antes de que la guerra estallara. Murió en 2005, a los 96 años, dejando como legado el mensaje de que no importa que tanto te esmeres en huir, tarde o temprano tus faltas te encontrarán…y los hombres también

Las múltiples caras de Cleopatra

Collage Cleopatra.jpg

Cleopatra, la última faraona del Imperio Egipcio, ha ejercido un gran magnetismo sobre la humanidad a pesar de haber vivido hace más de dos mil años. No es de extrañar, por ende, que su figura haya sido retratada en innumerables ocasiones en el arte, incluyendo, claro está, en el cine. Aquí una breve recopilación de aquella mujeres que interpretaron a una de las damas más influyentes de toda la historia.