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Los aguacates de don Miguel

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Cuando mi madre era niña, solía juntarse con Amalia, la hija de la comadre de mi abuela. En esa época, la no muy próspera situación económica de las familias obligaba a la gente a comer poco y no muy variado, siendo los tacos aderezados únicamente con salsa de lo más consumido. Un día, la comadre y su vástaga llegaron de visita, y mientras las mujeres conversaban, Amalia se asomó por uno de los muros y contempló, en todo su esplendor, los tentadores frutos de la mata de don Miguel, el vecino. Como tal instante representaba una preciosa oportunidad de degustar algo que no pudiera disfrutar todos los días, la niña extendió el brazo para cortar algunos de los aguacates más cercanos; cuando Chela, la comadre, la miró y le llamó la atención:

-¡Amalia! ¿Qué estás haciendo?

-Nada, mamá, sólo quería cortar unos aguacates de don Miguel- respondió Amalia con su muy singular y jocoso tono de voz.

-¡Deja ahí, que no son para ti!- la reprendieron.

-Pero, mamá, es que no has visto lo bonitos que están los aguacates de don Miguel ¡Bien bonitos! ¡Hasta le brillan!

Ante semejantes palabras, Chela y la abuela (que también se encontraba ahí en aquél momento) rompieron en sonoras, incontenibles y aparentemente inexplicables carcajadas; las cuales aumentaban con cada referencia a los mentados aguacates, muy a pesar del desconcierto de la muchacha y mi madre, que también atestiguaba la escena.

-¡Ay, ustedes risa y risa y no me dejan agarrarle los aguacates a don Miguel- se quejaba con amargura Amalia al escuchar las estridentes risas- ¡Y yo aquí nomás teniéndome que comer mi taco con sal!

Mi progenitora, en esos momentos, no comprendió el por qué aquellas señoras ya maduras reaccionaron de tal manera. En un principio, supuso que el origen de todo residía en la aguda y muy chistosa voz que poseía la jovencita, la que se volvió más graciosa durante el transcurso de dicha anécdota. Pero conforme mi madre fue creciendo, entendió que la manera de hablar de esa niña no tuvo en lo absoluto que ver…sino que el total responsable fue el doble sentido que sólo poseen los adultos.

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American Horror Story: Reencarnation

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El 30 de abril de 1945, Adolf Hitler, al verse acorralado por las fuerzas aliadas, determinó suicidarse para evitar ser apresado por sus enemigos. Acabó con su existencia mediante un ritual esotérico que garantizaría que él habría de renacer mediante otro cuerpo humano, y en el futuro, retomar su elevada posición política y gobernar sobre millones de personas,  como lo había sido durante todo el Tercer Reich. El día que eligió para morir, aparte de todo, fue la muy conocida festividad de Walpurgisnacht, considerada por los pueblos germanos como un evento de naturaleza siniestra en el que los difuntos retornaban a la Tierra bajo ominosas figuras. De esa forma, el tan temible dictador se aseguró de que volvería después de su muerte física bajo otro nombre e identidad, pero lleno del mismo odio, resentimiento, irracionalidad y desprecio por la vida humana que tanto lo habían caracterizado.

Un año más tarde de la muerte del Führer, en mayo de 1946, en Queens, Nueva York, Estados Unidos, éste nacería de nuevo gracias a aquel diabólico hechizo, ahora como el hijo de una pareja de posición acomodada. El padre era empresario de bienes raíces, y le heredó a su vástago su pequeño imperio, el cuál habría de expandirse paulatinamente con el paso de los años gracias a aquel hijo suyo. Pronto afloraría en ese avatar la personalidad del hombre que anteriormente fue, y comenzó a acumular riquezas, prestigio y fama; llegando a aparecer en ámbitos totalmente distintos de los negocios, como el de la televisión. Al igual que en su otra existencia, esta encarnación era un hombre que sabía ganarse a las masas mediante su encanto personal y a las que convencía con gran facilidad, jactándose de ello. Seguía siendo desagradable y despreciable, pero todos los débiles de mente o resentidos sociales quedaban deslumbrados ante su calculado derroche de palabras demagógicas en las que culpaba a sectores minoritarios de los problemas no sólo individuales, sino colectivos. Al igual que a principios de la década de los treinta, el nuevo canciller ascendió al poder apoyado por una parte de la población que se identificaba con un incoherente discurso que encendía pasiones y que prometía engrandecer a su nación eliminando a toda costa aquello que obstaculizaba su progreso. De ese modo, poco a ganó terreno hasta que, de manera inesperada, aquella espantosa posibilidad se convirtió en realidad: otra vez, Hitler consiguió el poder que tanto anheló recuperar. Ahora puede dar, como lo hizo otrora, rienda suelta a todos sus prejuicios, su locura y sus ansias por perjudicar a quienes aborrece.

¿Cómo? ¿Me piden que les diga el nombre de aquella reencarnación de Hitler? ¿Para qué? ¿Para evitar que vuelva a cometer las mismas atrocidades? Bueno, aún estamos a tiempo de hacerlo, ciertamente, solo que será una tarea un tanto difícil.  En todo caso, ustedes ya deben de saber que no es necesario que les proporcione un nombre, porque bien que todos lo saben en la actualidad: ese nuevo dictador se llama Donald Trump.

Mi inesperado heredero

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Sí, ¡claro que lo recuerdo! Como si fuera ayer, de hecho. Al mediodía, mientras disfrutaba una buena taza de té, llamaron a la puerta. La interrupción me molestó un poco, pero de todos modos fui a atender el llamado. Era una hermosa mañana, muy similar a aquella en me encontré con Gandalf y habría, en contra de mi voluntad, de integrarme a la compañía de Thorin Escudo de Roble. Quizás por ello me surgió el presentimiento de que algo importante ocurriría de nueva cuenta. Al toparme cara a cara con mi pariente Drogo, parecía haberme equivocado en aquella impresión.

-¡Ah, buenos días, Drogo!-saludé amable- Pasa por favor.

-Buenos días para ti también, Bilbo- me saludó sonriendo mientras ingresaba a Bolsón Cerrado.

-¿Quieres algo de comer?- ofrecí- Tengo un nuevo paquete de panecillos especial para mis invitados.

-No, gracias- declinó-. Mi visita será breve.

-¿Y a qué se debe tu honorable presencia en mi morada, estimado Drogo?

-Es para informarte de un asunto trascendente para la familia.

Sospeché que en verdad debía ser algo relevante, pues para que Drogo viniera en persona a contármelo, en lugar de enviarme un mensaje o enterarme por medio de terceros, no se trataría de una nimiedad. También intuí que sería una noticia dichosa, pues el rostro de mi visitante lucía contento y sereno. Sin más demora, él reveló:

-Querido primo Bilbo: ya soy padre. Prímula dio a luz a nuestro primer hijo. Lo hemos llamado Frodo.

-¡Oh, maravilloso! ¡Felicidades, Drogo! ¡Me alegro por ti y tu esposa! Por cierto, ¿ella cómo está?

-Muy bien, afortunadamente, al igual que el pequeño- comunicó lleno de orgullo-. Es sano y fuerte, además de tener una mirada que te derrite el corazón.

-¿Y cuando nació?- quise saber.

-Hace una semana, en la tarde, poco después del mediodía.

-¡Hace una semana! ¡Qué espléndido, justo en mi cumpleaños!

-Bueno, ya de entrada, mi hijo y tú comparten un detalle, aunque creo que comparten otra cosa en común: a veces realiza unas muecas que me recuerdan mucho a ti cuando estás pensativo o algo te llama la atención.

-No me extraña. Después de todo es un Bolsón, y debe haber heredado algo de mí.

-Tal vez eso a la larga se vuelva una desventaja-comentó con cierta preocupación-. La gente podría considerarlo un tanto excéntrico o “raro”, si se parece a ti en algún aspecto.

-¿Acaso estás insultándome, Drogo?-inquirí levemente ofendido por el comentario- ¿Piensas que tu hijo no debería ser como yo porque sería otro “desequilibrado”?

-No, en lo absoluto- se aprestó Drogo a esclarecer-. Es sólo que muchos respetables hobbits no te tienen en muy buen concepto a raíz de los chismes descabellados que circulan sobre ti; como tus supuestas grandes riquezas ocultas y tus poco comunes amistades con elfos y enanos, entre muchos otros rumores que prefiero omitir por ser en extremo ridículos…y algunos se creen hasta esos.

-¡Que los partan los mil rayos!- exclamé indignado- Si creen que soy un demente anormal sólo por haberme hecho de muy buenos amigos durante mi viaje y haber obtenido un ínfimo tesoro, entonces lo soy. No voy a renunciar a mi forma de ser sólo porque algunos, con su limitado entendimiento, no alcanzan a comprender que el hobbit que regresó de aquella travesía no fue un acaudalado y peligroso loco, sino sólo alguien que ya no sería el mismo.

-La desventaja a la que me refería en realidad no era que el pequeño Frodo se asemeje a ti en sí, sino que por ello las personas comiencen a inventar habladurías que podrían afectarle y hacerlo percibirse excluido por todos- exteriorizó mi primo.

-En caso de heredar algo mío, tarde o temprano aprendería a dejar de darle importancia a lo que otros dicen y se centraría en aquello que de verdad importe-concluí contundente.

 

Al cabo de unos minutos, Drogo abordó un tema que, en su opinión, debía de concernirme:

-Tú también deberías de tener tus propios hijos, Bilbo. No sé, quizás iniciar una familia mejoraría la imagen que hay de ti.

-No me interesa realizar esto o aquello nada más para agradar a tal o cual. En todo caso, si no soy muy grato para la inmensa mayoría de la Comarca, ¿qué dama accedería a desposarse conmigo, de buena o mala gana?

-¿No has pensado en que tu existencia estaría completa con una esposa y unos vástagos?

-Mi existencia ya está completa, estimado Drogo. Estoy feliz y conforme con lo que poseo y no requiero de ninguna otra cosa.

-¿Al menos has analizado la posibilidad de dejar algún hijo para que, cuando mueras, los Sacovilla-Bolsón no se abalancen sobre tus bienes como buitres carroñeros e intenten quedárselos, como aconteció hace muchos años?

-Eso ya está solucionado- anuncié con aire de triunfo-. Para evitar que Otho y Lobelia se salgan con la suya, me he propuesto adoptar como heredero a uno de mis parientes. El trámite se hará con todas las de la ley, para que ellos no puedan alegar que fue un procedimiento inválido; y lo haré en secreto, de manera que nadie pueda preverlo y lleve a cabo cualquier acción en contra para impedirlo. Así, me aseguraré de que lo que me pertenece quedará en buenas manos y que los Sacovilla Bolsón vuelvan frustrados a casa una vez más.

-¿Y a quién nombrarás como heredero?

-Aun no lo sé. Puede que a alguno de mis sobrinos del lado Tuk, o a cualquier otro. Lo único que sé es que debe de ser alguien no únicamente en quien pueda confiar a cabalidad, sino que además sea de noble corazón, gran espíritu y una mente ávida de conocimientos.

-¿Habrás de elegirlo pronto?

-No, no es necesaria la prontitud. Esta será una determinación vital, y me tomaré mi tiempo para ello. Supongo que cuando descubra al adecuado, algo en mi interior me lo hará saber…¡Quien sabe! En una de esas, el elegido podría ser tu hijo.

-Tal vez, pero por el momento, habrá de conformarse con ser mi niño querido- declaró Drogo con una amplia sonrisa.

 

Bueno, ya sabes esta historia. Las demás ya las conoces, así que no necesito repetírtelas. Lo único que has de saber de largo tiempo, pero aún así insisto en expresártelo, es que más que hallar en ti a un inesperado heredero, encontré a un ser a quien quiero como si fuera mi propio hijo, y del cuál me siento muy orgulloso. Sin duda que no pude escoger a nadie mejor que tú, mi querido Frodo.

 

 

Recuerdos de la Tierra Media

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Cuando la noche caiga, un gran festejo iniciará en la Comarca y todos se divertirán. Habrá un gran pastel y Gandalf encenderá sus mejores cohetes, pintando el cielo nocturno con brillantes colores; mientras llega el momento en que Bilbo, el festejado, dé su discurso de aniversario. Los hobbits bailarán, comerán y reirán esta noche, para que a la mañana siguiente retomen sus labores cotidianas en los fértiles campos, los pequeños jardines o las tabernas. Y eso es sólo el comienzo.

En Rivendel también se divierten, sólo que de un modo un poco distinto. Ahí los elfos se reúnen en un salón especial a declamar poemas, entonar canciones y contar historias antiguas. Al calor del fuego de la chimenea y por el embrujo de la sublime música, aquello que tus oídos perciben se convierte mágicamente en imágenes frente a tus ojos. De la nada, te ves situado en lugares remotos perdidos en el tiempo, y casi puedes tocar a aquellos héroes si extiendes el brazo. Rivendel es maravilloso, pero aún no hemos acabado.

Lothlorien es una tierra por demás única. Ahí parece que el tiempo no transcurre, pues todo parece igual día tras día. Los árboles que ahí crecen son por demás imponentes, no tienen comparación. Ahí se puede descansar mientras te maravillas ante las hermosas flores que cubren los prados y que evocan la belleza que hay más allá de los Mares. Quizás inclusive puedes toparte con la Dama Galadriel y ella te permitirá mirar en su Espejo. Aunque parezca que el fin se aproxima, todavía no es así.

Navegando un poco hacia el Sur por el Anduin, y desviándote al Este, estarás en el Bosque de Fangorn y en el Reino de Rohan. En el primero habitan desde épocas ancestrales los Ents, quienes pastorean a los árboles y son de las criaturas más antiguas de la Tierra Media. De Rohan debes saber que lo habitan una estirpe de hombres guerreros que dominan mejor que nadie el arte de montar a caballo, y cuya valentía y honor son indudables. Espera, que todavía no finalizamos.

Gondor es el más austral de los reinos. Minas Tirith, su capital, es una urbe dispuesta alrededor de una montaña, ordenada dentro de siete círculos, estando la Torre de Ecthelion en el más alto de ellos. La ciudad dispone de muchos interesantes lugares, y por sus calles se comentan las noticias y relatos más sobresalientes de los más variados sitios. El rey Aragorn recientemente recuperó su trono, y los resultados de la bonanza de su gobierno ya se ven en la mayoría de los habitantes de la región. Y no, aún no concluimos.

En realidad, esto no termina. Cada recuerdo de cada sitio, sea sombrío o reconfortante, persistirá en la memoria y no desaparecerá con facilidad. Este fascinante mundo conocido como Tierra Media todavía existe dentro del corazón de todos los que estuvimos, aunque fuera por unos segundos, inmersos en ella. Yo poseo los míos, ¿cuáles son los tuyos?

La dulce, dulce venganza

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La sangre sobre la nieve es más roja. Lo sé porque yo misma la he visto. Esta es una historia de venganza, mi historia de venganza. Hace diez años, la maldita de Flora torturó y asesinó fríamente a mis padres y hermano y no obtuvo castigo por su crimen. Dijeron que no había suficientes pruebas en su contra, aunque contaban con mi testimonio, siendo yo la única sobreviviente de la masacre. Incubé un odio profundo hacia esa maldita todo este tiempo, esperando el momento adecuado para vengarme de aquella psicópata. Tenía que ser, aparte, en el lugar indicado y a mi manera, para que todo fuera perfecto. Y todo ocurrió hace unas horas, con una facilidad tan increíble que hasta a mí me impresionó. La secuestré y la llevé a mi cabaña en el bosque invernal, lejos de la civilización y, ya ahí, le amputé los dedos y las orejas con un cuchillo de cocina, como lo hizo con mi familia; para luego, arrastrarla al patio trasero y degollarla como el animal rastrero que era, salpicando con su inmunda sangre la nieve circundante. Ahora ya todo fue consumado, los restos de Flora fueron devorados por los lobos y no quedó nada de ella, y ya he saldado las cuentas que tenía con mis difuntos parientes, con lo cuál me siento al fin satisfecha ¡Ah, pero qué maravillosa sensación de paz!